Esta semana, Mo Farah aumentó su grandeza y lo hizo fuera del tartán. Pasó de ser un tetracampeón olímpico en pruebas de fondo a convertirse en la persona más prominente en Gran Bretaña que revela haber sido víctima de la trata de personas.

Y esto fue gracias a un documental difundido por la BBC, en el cual el atleta reveló su verdadero nombre y cómo fue que ingresó a Inglaterra, utilizando documentos falsos.

El verdadero nombre de Mo Farah es Hussein Abdi Kahin y nació en Somalilandia, región que se separó de Somalia y que fue devastada por la guerra durante su infancia.

Dijo que vivía en Yibuti y, a los ocho o nueve años, una mujer que no conocía lo llevó a la parte occidental de Londres, usando documentos falsos, a nombre de Mohammed Farah, que pasó a ser su nueva identidad.

El atleta reveló que viajó porque pensó que iba a vivir con parientes; sin embargo, al llegar a territorio británico, la mujer rompió un papel con los datos de éstos y lo obligó a cuidar a sus hijos.

Así, durante tres años realizó tareas de servidumbre y no se le permitió ir a la escuela hasta que tenía 12 años. Fue entonces que afloró su talento como corredor y un profesor de educación física hizo arreglos para que Hussein –Mo– fuese a vivir con otra familia de Somalia.

“Me tomó mucho tiempo llegar a este punto, pero me alegro de haber hecho este documental para mostrarle a la gente lo que me pasó de niño”, declaró el deportista a la BBC en una entrevista transmitida el miércoles pasado.

Hasta esta semana, Mo Farah siempre había dicho que su llegada a Gran Bretaña fue con su familia y como refugiado. Se nacionalizó a los 17 años y representó a la isla en tres Juegos Olímpicos, ganando medallas de oro en los 5 mil y los 10 mil metros en 2012 y 2016. Asimismo, fue nombrado caballero por la reina Isabel II en 2017.

A pesar de su fama, el atleta dijo que temía ser deportado si revelaba cómo había llegado a Gran Bretaña; sin embargo, tras la presentación del documental, las autoridades migratorias dijeron que no tomarían medida alguna en su contra.

Asimismo, empleados de servicios caritativos, abogados y otras personas que ayudan a las víctimas de la esclavitud moderna lo elogiaron por haber dado la cara y dijeron que la polémica que generó ayudará a humanizar el debate. Refieren que muchas víctimas luchan por años para escapar y superar el trauma causado por su explotación.

“Saber que hay alguien, por trágico que sea, que pasó por esto, salió adelante y tuvo éxito en su área, que hable por experiencia propia, es algo muy importante”, sostuvo Ryna Sherazi, a cargo de la recaudación de fondos y de las comunicaciones de Anti-Slavery International, una organización que combate la esclavitud en todo el mundo.

Al final del documental, Farah se pregunta por qué fue llevado al Reino Unido. En África, su madre le dice que nunca aceptó que se lo llevasen a Inglaterra y que perdió contacto con él por la guerra y por las malas comunicaciones en su tierra.

Su madre dijo que apoyaba plenamente la decisión de su hijo de contar su historia. “Mentir es un pecado”, le dice en el documental.

El caso de Mo Farah visibiliza la esclavitud moderna

La decisión de Mo Farah de contar cómo llegó a Gran Bretaña para trabajar en el servicio doméstico ha visibilizado a las víctimas de la esclavitud moderna, personas que a menudo son descritas como inmigrantes “ilegales”.

“No creo que jamás haya habido un caso en Gran Bretaña en el que alguien tan conocido revela la historia tan oscura, tan difícil y tan compleja que tiene detrás suyo”, expresó Sunder Katwala, director de British Future, un centro de estudios independiente enfocado en la identidad y la inmigración.

“Rara vez escuchamos las voces y vemos los rostros de las víctimas del tráfico (de personas), y el hecho de que aparezca una figura tan conocida es realmente extraordinario”.

Las revelaciones de Farah podrían generar un espacio seguro para que otras víctimas de la trata de personas busquen ayuda, como ocurrió en el deporte y el mundo del espectáculo cuando los homosexuales empezaron a dar la cara, según Katwala.

También, presionan a las autoridades para que las personas que son explotadas por los traficantes sean tratadas como víctimas, no como delincuentes que deben ser deportados.

Mo Farah, de 39 años, dijo que decidió hablar sobre su experiencia para cambiar la percepción que tiene la gente acerca de la trata de personas y la esclavitud moderna.

Su historia sale a la luz justo cuando los conflictos, el cambio climático y el colapso de economías generan el desplazamiento de miles de personas alrededor del mundo y cada vez más migrantes caen en las garras de traficantes que los llevan a Gran Bretaña, la Unión Europea y Estados Unidos.

Quienes tienen dinero, pagan miles de dólares para llegar a países donde esperan encontrar trabajo y cierta seguridad. Otros, los más, caen presa de delincuentes que los obligan a prostituirse, traficar drogas o a trabajar como empleados domésticos, como lo fue el caso de Farah.

En corto

Las autoridades británicas recibieron más de 10 mil denuncias de esclavitud moderna en 2020, un significativo aumento respecto a 2014, en que hubo dos mil 340 denuncias, según el servicio de inmigración británico.

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