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la depreciación que el peso mexicano ha sufrido frente al dólar en los últimos dos años, presionado por el ciclo de alzas de tasas de Estados Unidos


Los bancos centrales en las economías pequeñas sólo tienen una habilidad muy limitada para influenciar la tasa de interés de largo plazo denominada en sus propias divisas”

Peter Hördahl, Jhuvesh Sobrun y Philip Turner

Economistas del BIS


Debido a la globalización financiera, los bancos centrales de los mercados emergentes se ven impotentes para manipular las tasas de interés de sus países en el largo plazo


La investigación del BIS subraya cómo la correlación entre los rendimientos de largo plazo de Estados Unidos y de los mercados emergentes se ha incrementado significativamente


La política monetaria por sí sola no puede ser dirigida sensiblemente hacia la reducción de desbalances macroeconómicos”

Timothy F. Geithner

Exsecretario del Tesoro de Estados Unidos

Cuando en diciembre del año pasado la Reserva Federal (Fed), el banco central estadounidense, anunció su primer alza de tasas de interés en casi una década, el Banco de México (Banxico) se alineó velozmente con su contraparte mediante un alza idéntica de 25 puntos base en su propia tasa de interés de referencia.

Pero en lo que va del 2016, las autoridades de Banxico han decidido tomar una postura más asertiva, alzando su tasa en un punto porcentual aún cuando la Fed ha mantenido intacta la suya.

Esto con el objetivo de frenar la depreciación del peso frente al dólar y evitar una aceleración precipitada en la inflación mexicana.

Este cambio de postura se ha visto reflejado en los mensajes de Agustín Carstens, gobernador de Banxico. En enero, Carstens dijo que era “esencial” que el banco central mexicano empatara la política monetaria de la Fed, pero en junio declaró que la institución no puede seguir “pasivamente” las decisiones de su contraparte estadounidense.

Sin embargo, esta declaración de independencia monetaria no se está viendo reflejada como debería en un aspecto crucial: las tasas de interés.

Una investigación del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) muestra que las decisiones de los bancos centrales de los mercados emergentes, incluyendo a Banxico, están atados a las políticas monetarias de la Fed y de otros bancos centrales de economías desarrolladas en el largo plazo.

Amarrados a la Fed

“Los bancos centrales en las economías pequeñas sólo tienen una habilidad muy limitada para influenciar la tasa de interés de largo plazo denominada en sus propias divisas”, escribieron en su reporte los economistas del BIS Peter Hördahl, Jhuvesh Sobrun y Philip Turner.

“La influencia directa de los cambios en su tasa de interés de referencia es pequeña relativamente comparada con la de (los cambios) de la Reserva Federal”, explicaron los expertos.

Utilizando un modelo de análisis propietario, la investigación del BIS subraya cómo la correlación entre los rendimientos de largo plazo de Estados Unidos y de los mercados emergentes se ha incrementado significativamente durante la última década.

En promedio, durante el periodo del 2005 hasta la actualidad, un incremento de 100 puntos base en el rendimiento a 10 años de los bonos estadounidenses fue asociado con un incremento de entre 70 a 80 puntos base en los rendimientos de otros mercados, “ahogando los efectos de los cambios en las tasas de corto plazo”.

La investigación toma como puntos de referencia las tasas de interés de largo plazo de seis economías desarrolladas (Australia, Canadá, Francia, Nueva Zelanda, Suecia, y Reino Unido) y las de 12 mercados emergentes (México, Brasil, Chile, Colombia, Indonesia, Corea del Sur, Malasia, Tailandia, Filipinas, Polonia, Turquía, y Sudáfrica).

El modelo utilizado toma en cuenta el rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 10 años, la tasa de interés de referencia local de los países estudiados, una tasa de interés de referencia estadounidense implícita, y el rendimiento local a tres meses de los países estudiados.

Impotencia monetaria

La investigación del BIS muestra cómo, debido a la globalización financiera, los bancos centrales de los mercados emergentes se ven impotentes para manipular las tasas de interés de sus países en el largo plazo.

En otras palabras, a pesar de las enormes diferencias en las condiciones macroeconómicas y financieras de los mercados emergentes y las de las economías avanzadas, las tasas de interés de largo plazo en ambos casos se mueven a la par, impulsadas por fuerzas globales como las decisiones de la Fed.

Investigaciones anteriores del BIS muestran una correlación entre este fenómeno y el crecimiento del endeudamiento denominado en dólares en los mercados emergentes. A medida que las empresas emergentes se endeudan en dólares a través de los mercados de bonos y el financiamiento bancario internacional, las condiciones financieras locales en sus países se vuelven más sensibles a lo que ocurre en el exterior.

Esto a pesar de que en las últimas dos décadas las autoridades económicas en los mercados emergentes han emprendido reformas estructurales para apuntalar sus sistemas financieros en contra de choques macroeconómicos externos y así tener más control sobre sus condiciones crediticias domésticas.