2.53 %
se espera 
que crezca Brasil en el 2013, menor al 2.77 previo
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Después de la autopista, el pantano. Esa parece ser la situación en Brasil, que ha pasado de tener una década de crecimiento acelerado a enfrentarse a una economía estancada y a un nivel preocupante de inflación, un reto formidable para el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff.

Durante el primer trimestre del año, la economía más grande de Latinoamérica creció solo en un 0.6 por ciento (un 2.4 por ciento de forma anualizada). Esta cifra contrasta con el 0.9 por ciento que los analistas encuestados por Bloomberg esperaban.

Por otro lado, la inflación anualizada de casi 6.5 por ciento tuvo como resultado una sorpresiva decisión por parte del Banco Central de Brasil (BCB) de aumentar en 0.5 por ciento la tasa de interés de referencia. 

El paso de 7.5 a 8 por ciento en la tasa de interés, en medio del crecimiento decepcionante y la cada vez menor confianza del consumidor en el país, pone en evidencia el difícil camino para el banco central. 

Y aunque otras economías emergentes, como México, también han registrado un crecimiento menor al esperado (en parte a causa del desaceleramiento chino y la crisis en Europa y Estados Unidos), The Economist apunta que los problemas de Brasil empezaron antes que los de la mayoría y parecen tener raíces domésticas.

Pierde brillo

El desaceleramiento económico de este trimestre no es el primer indicio de problemas en la estrella latinoamericana de los BRICs (el grupo de economías emergentes que incluye a Brasil, Rusia, India y China). 

Este es el quinto trimestre en que la economía brasileña crece por debajo de lo esperado. Y después de registrar en el 2010 un crecimiento de 7.5 por ciento, en el 2011 y 2012 fue de tan solo 2.7 y 1.3 por ciento, respectivamente. 

Además, tanto la balanza comercial como el balance presupuestal del país pintan un panorama desalentador, con reducciones en las exportaciones y aumentos en la deuda pública.

Por si fuera poco, los analistas locales parecen perder consistentemente la fe en el país. En un sondeo semanal publicado por el banco central, los economistas del mercado financiero brasileño predijeron un crecimiento del 2.53 por ciento para el 2013. El sondeo anterior arrojaba un estimado del 2.77 por ciento, y el pesimismo va en aumento, ya que esta es la cuarta semana consecutiva en que la proyección se reduce. Hace cinco semanas, los analistas preveían un crecimiento anual del 3 por ciento.

Incluso, las cifras consistentemente decepcionantes en los indicadores brasileños causaron recientemente que la evaluadora crediticia Standard & Poors rebajara la perspectiva de la calificación de BBB de Brasil de estable a negativa. A causa de la rebaja, los mercados brasileños registraron pérdidas importantes, y el real se depreció hasta alcanzar su valor más bajo desde el 2009.

Pelean credibilidad

Con la rebaja de la calificación por parte de S&P, también viene la pelea por la credibilidad entre el mercado y el gobierno federal. 

La calificadora dijo que el menor crecimiento económico, la peor situación fiscal y la pérdida de credibilidad de las autoridades económicas reducen la habilidad del país para manejar un golpe del exterior. 

La aseveración causó conmoción entre las autoridades del gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, quienes tuvieron que salir a diferentes medios locales e internacionales a revertir los rumores. 

El secretario de política económica del Ministerio de Finanzas, Márcio Holland de Brito, tomó la palabra primero, asegurando ante el diario Financial Times que la confianza en la economía brasileña puede ser medida por los últimos eventos en el mercado, en referencia al colocamiento de 11 mil millones de dólares en deuda por parte de Petrobras, la más grande colocación en un país emergente en la historia. 

Temen estancamiento

La forma en la que se ha dado la desaceleración en Brasil ha llevado a más de un analista a pronunciar la palabra más temida por los hacedores de política económica: estanflación. 

Se trata de una situación única en la economía, experimentada en Estados Unidos durantes los años 70 y 80, en la que el crecimiento es nulo o inclusive negativo, pero la inflación es alta.

El primer problema a resolver, a juzgar por las últimas noticias económicas, ha sido la inflación, que se mantiene tercamente por encima de la meta del banco central. De hecho, el incrementó de 0.5 por ciento del 29 de mayo a la tasa de interés objetivo por parte del BCB manda una señal de que está tomando mucho más seriamente al componente de precios que en meses o años previos. 

Las minutas de la junta de mayo, dadas a conocer el 6 de junio, muestran a un banco mucho más preocupado por la inflación, llevando a analistas a sugerir que inclusive podrían incrementar aún más la tasa de referencia. 

Bloomberg indica que es probable que el banco central continúe el incremento, quizá hasta por otro punto porcentual, durante sus próximas dos reuniones.

Entre lo más preocupante es la alza en las expectativas inflacionarias, que es difícil de anclar una vez que estas se salen de control, alimentando aún más a la inflación.

Pero la inflación no es el único problema. The Financial Times apunta que, en la opinión de algunos analistas, un nivel de crecimiento menor al 2.5 por ciento tendría como resultado un aumento en el desempleo; algo que el gobierno de Rousseff buscará evitar a toda costa al enfrentarse a una elección el próximo año.

La cura económica para estas situaciones es relativamente clara, pero increíblemente difícil de implementar. La combinación de inflación y bajo crecimiento apunta a que el problema es interno, y se debe  a la rigidez en diversos mercados y no a la debilidad de la demanda externa.

Es decir, la solución parece ser eliminar rigidez salarial y barreras a la entrada a algunos mercados, pero ello implica reformas que son difíciles de implementar y que golpean intereses económicos que no siempre están dispuestos a ceder terreno. 

Para salir del pantano, el gobierno de Dilma Rouseff quizá tendrá que pagar un alto precio.

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