2-3%

la tasa anual de crecimiento del comercio global, muy por debajo del 7 por ciento necesario para estimular adecuadamente el crecimiento según la OCDE


Al igual que el FMI, la OCDE culpa principalmente a los gobiernos de los países desarrollados por esta situación preocupante


“Al intentar revivir el crecimiento económico (con política monetaria), con muy poca ayuda de las políticas fiscales o estructurales, el balance de beneficios a riesgos se está volcando”

Catherine Mann

Economista en jefe de la OCDE


“En general es un panorama bastante mediocre, bastante sombrío” 

José Ángel Gurría

Secretario general de la OCDE

Primero vino la advertencia de un “estancamiento secular” por parte del exsecretario del Tesoro de Estados Unidos, Lawrence Summers. Después, la alarma sobre una “nueva mediocridad” por parte de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde. Ahora es el turno de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

El organismo internacional, al cual pertenece México, advirtió esta semana que la economía global está cayendo en una “trampa autocumplida de bajo crecimiento”, en la cual las políticas monetarias acomodaticias de los últimos años se arriesgan a causar más daño que beneficio.

La OCDE pronostica que la economía global crecerá 3 por ciento este año, lo mismo que el año pasado, y que sólo mejorará a 3.3 por ciento en 2017. “En general es un panorama bastante mediocre, bastante sombrío”, dijo José Ángel Gurría, secretario general del organismo, en entrevista con Bloomberg.

El más reciente diagnóstico económico semianual de la OCDE indica que el periodo prolongado de bajo crecimiento ha creado condiciones que resultan en círculos viciosos, y que “el hecho aleccionador es que tomará 70 años, en lugar de 35, doblar los estándares de vida” en los 34 países pertenecientes a esta organización.

“Las empresas tienen pocos incentivos para invertir debido a demanda insuficiente en casa y en la economía global, incertidumbres continuas, y un paso lento de reformas estructurales”, explicó Catherine Mann, economista en jefe de la OCDE.

Por otro lado, “incrementos salariales apagados y el alza en la desigualdad deprimen el crecimiento del consumo”, y “el crecimiento global del comercio (…) se encuentra muy por debajo de las tasas históricas”, agregó Mann.

Al igual que el FMI, la OCDE culpa principalmente a los gobiernos de los países desarrollados por esta situación, ya que considera que no han hecho lo suficiente para revivir la demanda y reformar sus economías en el periodo posterior a la crisis financiera del 2008.

Monetaria agotada

De igual forma, el diagnóstico de la OCDE respalda el del FMI al indicar que el combatir este problema mediante políticas monetarias es un enfoque que ya está agotado y presenta más riesgos que beneficios.

“Al intentar revivir el crecimiento económico (con política monetaria), con muy poca ayuda de las políticas fiscales o estructurales, el balance de beneficios a riesgos se está volcando”, advierte Mann.

“Los mercados financieros han estado señalando que la política monetaria está sobrecargada. El precio de los riesgos de madurez, crédito y liquidez se encuentra tan sensible que pequeños cambios en la confianza de los inversionistas han generado picos de volatilidad como los vistos a finales del 2015 e inicios del 2016”, agrega la experta.

La respuesta para la OCDE, al igual que para el FMI y el consenso de los países del G7, es atacar el problema utilizando la política fiscal y las reformas estructurales.

Respuesta fiscal

“La política fiscal debe ser implementada más extensivamente, y puede aprovechar el entorno creado por la política monetaria. Los gobiernos hoy en día pueden fijar tasas de interés bajas por periodos muy largos para abrir efectivamente espacio (para mayor gasto público)”, escribió Mann en su editorial.

“El gasto priorizado y de alta calidad genera la capacidad de pagar las obligaciones en el largo plazo al mismo tiempo que apoya el crecimiento hoy en día”, agregó la economista.

La OCDE enfatiza que sus preocupaciones no son algo que pueda postergarse, ya que “mientras más tiempo permanezca la economía global en la trampa del bajo crecimiento, más difícil será romper los ciclos de retroalimentación negativa, revivir las fuerzas del mercado, e impulsar a las economías hacia el camino del alto crecimiento”.

Si no se atienden estas preocupaciones, la frágil recuperación de los últimos 7 años podría romperse con un ligero desliz negativo.

Sin embargo, a pesar de la urgencia de la situación, y a pesar del cada vez más sonoro consenso acerca de las acciones necesarias para cambiar las cosas, la parálisis política parece seguir dominando. Un ejemplo puede verse en las últimas reuniones del G7, de las cuales los gobiernos han salido con muchas promesas y pocas soluciones implementadas.