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miembros de la OPEP tocaron un pico en su producción petrolera en 2008 y no han recuperado estos niveles, aún con la política de incremento de explotación de los últimos años


Las presiones estructurales del mercado petrolero vuelven a la influencia de la OPEP algo cuestionable y en declive


“El control monopólico ha sido la excepción en las sociedades libres, y la regla en las sociedades cerradas”

Lawrence Lessig

Profesor de derecho estadounidense


“La pregunta es, ¿la OPEP está muerta o sólo en coma?”

Eugen Weinberg

Director de investigación de commodities en Commerzbank


Yo le llamaría a esto una ronda de la victoria. (La OPEP) exitosamente diseñó un mercado que se rebalanceó por sí solo” 

Jeff Currie

Director de investigación de commodities en Goldman Sachs

Cuando la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se reúna hoy en Viena, Austria, los ministros participantes podrán cantar victoria, pero no deberían.

La estrategia de la OPEP desde finales del 2014 ha involucrado producir más petróleo para inundar al mundo en sobreoferta y sacar del mercado a sus competidores de mayores costos, como las empresas explotadoras de esquisto (shale, en inglés) de Estados Unidos.

Hasta ahora la estrategia ha funcionado; los precios del crudo colapsaron, y los productores con mayores costos han enfrentado olas de recortes de gastos y caídas en bancarrota. Sin embargo, la estrategia también ha sembrado discordia dentro de la OPEP, y parece ignorar riesgos estructurales para el funcionamiento del cártel energético más influyente del mundo.

Después de 60 años de existencia, la OPEP sigue controlando 40 por ciento de la producción petrolera global y alrededor del 70 por ciento de las reservas probadas de crudo del mundo.

Pero las presiones estructurales presentes en el mercado, tanto por parte de los productores shale en el caso de la oferta y como por parte de las tecnologías verdes en el caso de la demanda, vuelven la influencia de la OPEP algo cuestionable y en declive.

Por si fuera poco, las presiones externas no son el único peligro para el cártel energético, ya que su estrategia ha alimentado amargas diferencias dentro del grupo, tanto entre viejos rivales geopolíticos como Arabia Saudita e Irán como entre los miembros que tienen más recursos, como los países del Golfo Pérsico, y los más pobres como Venezuela.
Ganar la batalla…

Por un lado están las señas de éxito de la estrategia diseñada por Arabia Saudita, el mayor productor y líder no-oficial de la OPEP.

A medida que la producción petrolera en lugares como Estados Unidos ha caído y se han presentado disrupciones de suministro en lugares como Canadá, Nigeria y Libia, los precios del crudo se han recuperado. Después de tocar un mínimo de 12 años a mediados de febrero, los precios han registrado un incremento de más de 85 por ciento hasta la fecha.

Ahora, el consenso de analistas en lugares como la Agencia Internacional de Energía y Goldman Sachs señala que la sobreoferta global ha resultado ser menor que las estimaciones previas aún sin que la OPEP recorte su producción y pierda participación de mercado.

Esto apoya la perspectiva de que la estrategia de mantener la producción intacta ha funcionado, algo que los ministros de Petróleo de Nigeria y los Emiratos Árabes Unidos han expresado en la última semana.

También es por esto que no se prevé que se revivan los planes de congelar o recortar la producción petrolera de la OPEP, como se planteó en sus reuniones de diciembre del año pasado o abril de este año.

“Yo le llamaría a esto una ronda de la victoria. (La OPEP) exitosamente diseñó un mercado que se rebalanceó por sí solo”, dijo Jeff Currie, director de investigación de commodities en Goldman Sachs, en entrevista con Bloomberg.

…y perder la guerra

Pero aún si la OPEP logra una victoria en el corto plazo, su relevancia e incluso su existencia en el largo plazo se ven amenazadas.

La estrategia implementada por Arabia Saudita lastima sobre todo a los países más pobres de la OPEP, como Venezuela, Ecuador, Libia y Nigeria. Estos productores requieren de precios más altos para mentener sus presupuestos públicos intactos, y tienen poblaciones más numerosas que las del Golfo Pérsico.

Así, no es coincidencia que Venezuela fuese el principal autor de los planes para congelar o recortar la producción de forma coordinada en el cártel, los cuales fracasaron cuando Irán y Arabia Saudita no lograron un acuerdo acerca de la implementación de las restricciones.

Pero aún sin sus divisiones internas, la OPEP enfrenta problemas para existir como un grupo organizado. Si su estrategia efectivamente continúa impulsando los precios del crudo, es probable que la producción de shale estadounidense vuelva a levantarse. Esto podría volver a hundir los precios, robarle participación de mercado al cártel, o ambas cosas.

Debido a esto, parece ser que a pesar de ser uno de los principales factores que impulsaron el colapso petrolero de los últimos dos años la relevancia de la OPEP en realidad no ha frenado sus décadas de declive. Como dijo a Bloomberg Eugen Weinberg, director de investigación de commodities en Commerzbank, “la pregunta es, ¿la OPEP está muerta o sólo en coma?”. 

El declive de la OPEP

Hace 40 años la OPEP llegó a controlar más de la mitad del mercado petrolero del mundo, pero hoy en día el cártel mantiene el control tenue y desorganizado de sólo el 40 por ciento del mercado gracias al alza significativa que ha experimentado la producción estadounidense de crudo shale