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Planes que salen caros

El martes pasado, el presidente Enrique Peña Nieto visitó Monterrey con el fin de abanderar un evento relacionado al Plan Nacional de Desarrollo, documento que gracias al artículo 26 constitucional es obligatorio entregar antes del 31 de mayo al Congreso de la Unión. 

Este artículo de la carta magna especifica que cada presidente debe tener un plan de acción, y de acuerdo con especialistas, detrás de él estaría la idea de que la política pública en México se dejaría de hacer a discreción y con una visión a mediano y largo plazo. 

Durante la actual administración se está convocando a foros regionales para elaborar el PND, con un costo elevado por la organización de eventos, viajes y tiempo destinado a ellos

El martes pasado, el presidente Enrique Peña Nieto visitó Monterrey con el fin de abanderar un evento relacionado al Plan Nacional de Desarrollo, documento que gracias al artículo 26 constitucional es obligatorio entregar antes del 31 de mayo al Congreso de la Unión. 

Este artículo de la carta magna especifica que cada presidente debe tener un plan de acción, y de acuerdo con especialistas, detrás de él estaría la idea de que la política pública en México se dejaría de hacer a discreción y con una visión a mediano y largo plazo. 

El documento se ha renovado cada sexenio desde 1988, pero el cambio de enfoque en la política ha sido más difícil de cambiar de lo que muchos pensaron en ese entonces. 

Durante la actual administración se están organizando foros regionales y se publica en cines, radio y televisión las convocatorias para participar y proponer en el marco del PND, aun y cuando el resultado final ha sido un papel que pocas veces es respetado en la práctica.

Todo esto no es gratis, la organización de eventos, viajes y tiempo destinado a atender los foros cuesta, y mucho.

A manera de ejemplo, para la organización del foro de “México en Paz”, en Monterrey, fue necesario disponer de helicópteros, aviones y guardias presidenciales para el traslado de Enrique Peña Nieto al recinto para una intervención que duró menos de dos horas. 

Pero no solo el presidente gasta. De acuerdo con el portal de transparencia del IFAI, el Instituto Nacional de las Mujeres organizó en marzo de dos foros del “Plan Nacional de Desarrollo” con costos de 196 mil y 765 mil pesos, cada uno.

Multiplica los costos por 205 foros de consulta nacional, cantidad que se llevaron a cabo en la pasada administración, suma a ello una titánica tarea de mantener un sitio de Internet especializado, recopilar la opinión de miles de personas y condensar la información a un par de recomendaciones y el costo seguramente deja de ser trivial. 

Así mismo, la propia organización de la consulta cuesta millones. En el sexenio pasado, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público dispensó 8 millones 349 mil pesos solamente para la “elaboración de la estrategia de consulta del plan nacional de desarrollo”, de acuerdo con un contrato del 22 de marzo del 2007.

Pocos resultados

Desde luego que la inversión en mesas de diálogo y traslados exprés se justificaría si el plan propiciase desarrollo.  Pero los pocos ejercicios para medirlo dejan al descubierto que se trata más de una obligación que un verdadero plan que se siga a consciencia. 

Desde 1988, de acuerdo con la organización sin fines de lucro México Evalúa, los planes de desarrollo contienen prácticamente los mismos lineamientos generales. 

En esta ocasión, los temas del Plan de Peña Nieto se engloban en cinco rubros: México en paz, México incluyente, México con calidad educativa para todos, México próspero y México actor con responsabilidad global. 

Se trata de temas que han estado en la agenda nacional por años y que no representan nada nuevo. De hecho, los temas parecen los mismos que los propuestos por la administración de Calderón: estado de derecho y seguridad, economía competitiva, igualdad de oportunidades, sustentabilidad ambiental y democracia efectiva y política exterior responsable. 

Es decir, en realidad el problema no es la falta de ideas, pues estas cambian poco tras cada consulta sexenal. 

Tampoco se necesita de mesas de trabajo elaboradas para cuantificar lo que las encuestas ya nos dicen. 

Un vistazo rápido a los resultados preliminares del sitio en Internet muestra bastante consenso entre los mexicanos sobre lo que el gobierno debe priorizar. 

En cuanto a seguridad, 42 por ciento de los que han participado hasta hoy en la consulta en línea creen que la prioridad deberían ser los secuestros. Otro 54 por ciento opina que la mejor manera de combatir a la delincuencia es con empleo y oportunidades. 

Ninguna de las anteriores parece particularmente sorprendente. 

Así mismo, la respuesta más popular entre los participantes, con una mayoría de 31 por ciento, opina que un gobierno eficaz es aquel que “cuesta menos a los ciudadanos”, una clara manera de señalar que para muchos sería deseable menos impuestos. 

En segundo lugar se encuentra un gobierno con “menos burocracia”, en línea con los mismos sentimientos.

Sin embargo, como suele suceder con estos documentos, pronto el gobierno olvida las consultas ciudadanas. 

Como se ha dado a conocer por Reporte Indigo, la burocracia, deuda e impuestos han estado incrementando considerablemente desde hace 10 años en las entidades federativas y en el gobierno federal. 

desarrollo

El presupuesto: 
verdadero plan

En cuanto a practicidad obedece, el verdadero plan parece ser el presupuesto propuesto por el ejecutivo y modificado por el Congreso cada año. 

En la práctica, el presupuesto obedece a inercias institucionales e históricas, como el peso de ciertas secretarías en la administración pública federal, y menos a lo que el Plan Nacional de Desarrollo dicta.

El ejemplo más claro de ello es la inversión en Ciencia y Tecnología, eje principal de muchas estrategias de los planes de desarrollo, pero que no se ha concretado llevarla siquiera al 1 por ciento del PIB. 

Es difícil argumentar que el gobierno debe revertirse a hacer política “a la antigua”, pero también se debe de aceptar que hoy en día el Plan Nacional de Desarrollo ha probado ser un instrumento poco eficiente para cambiar los malos hábitos de la política cortoplacista.

Por otro lado, la verdadera atención y consulta ciudadana debería estar sobre el presupuesto que se elabora cada año.

 

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