Uruguay está de brazos abiertos. Hace unos días el controvertido presidente José Mujica hizo una valiente propuesta a su pueblo: 

“¿No podremos hacernos cargos como sociedad, no tendremos voluntad de recoger algunos puñados de esos gurises (niños sirios), ofrecerle al mundo una mano? 

Pero Mujica predica con el ejemplo, pues ayer el semanario uruguayo Búsqueda confirmó que el mandatario envió una carta al secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, para solicitarle que le permita traer niños acogidos en Jordania a su estancia presidencial de Anchorena, en el suroeste del país.

Según precisó el medio, asilaría de 50 a 70  menores (huérfanos o con sus madres) que ya tienen el estatus de refugiados, por lo que es el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) el organismo que responde por ellos.

En cuanto al financiamiento y el cuidado, el presidente sudamericano está considerando trasladar “tres o cuatro” empleados de su residencia oficial en Montevideo, para que salga “gratis”.

Solidaridad ante todo

Mujica, quien ha cautivado a nivel mundial por su estilo de vida austero, reconoció que ciudadanos en Uruguay también tienen necesidades.  

“Sé que hay gente en este país que me va a preguntar por qué no te ocupas de los niños pobres uruguayos, que los hay, pero pienso que la inmensa mayoría tienen cariño. Estos ni eso, no es que tengan carencias materiales”, dijo la semana pasada en su programa de radio.

La guerra civil, iniciada en 2011, ha dejado más de 150 mil muertos y seis millones de desplazados.