La joven pakistaní dijo que el reconocimiento, otorgado ‘por su coraje y profundo compromiso para la libertad’, significa un aliento para continuar con su causa

La vida de Malala Yousafzai dio un giro inesperado el 9 de octubre de 2012, cuando dos talibanes le dispararon en un intento de asesinarla. De ser una bloguera anónima pasó a ser una heroína internacional por su valentía y lucha a favor de la educación y de las mujeres en Pakistán. 

Pero ni los aplausos ni los premios han hecho que la joven de 16 años olvide el poder de los defensores de los derechos humanos que siguen “tras bambalinas”.  

Malala, que con el seudónimo de Gul Makai escribió un diario para la BBC sobre su infancia bajo el dominio de los talibanes, dedicó ayer su Premio Sájarov de la Unión Europea a “los héroes anónimos de Pakistán” y defensores de los derechos humanos en todo el mundo. 

En su discurso además instó a las 28 naciones que integran la UE a apoyar a los millones de menores a quienes se priva de recibir una educación formal.

“Muchos niños no tienen qué comer, ni agua para beber y los niños están hambrientos de educación. Es alarmante que 57 millones de niños se ven privados de la educación…esto debe sacudir la conciencia”, dijo la fundadora del Fondo Malala, consagrado a esta labor.

El premio, de 50 mil euros, es considerado el máximo galardón europeo de derechos humanos.