"No estoy preocupado en lo absoluto”
Eduardo Cunha presidente de la Cámara de Diputados de Brasil
El tema Rousseff ha polarizado a la sociedad brasileña. Una mitad apoya a la presidenta y la otra la detesta
“La destitución de Rousseff no tiene ni base jurídica ni sentido”
Luiz Inácio Lula da Silva ex Presidente de Brasil
Eduardo Cunha, el principal impulsor de la propuesta para destituir a Dilma Rousseff es investigado por el Comité de Ética del Congreso brasileño y puede ser destituido

La decisión de la Corte Suprema de Brasil sobre qué formato tendrá el juicio político a Dilma Rousseff se aplazó el día de ayer. 

La comparecencia del ministro Luiz Edson Fachin consumió toda la sesión, pero se espera que los demás ministros puedan presentar sus argumentos y pronunciar un veredicto el día de hoy. 

En las calles de Brasil y también en las redes sociales se evidenció la división que este problema ha generado en la sociedad brasileña. 

Aunque la popularidad de la actual presidenta experimenta mínimos históricos, miles salieron ayer a las calles a pronunciarse en contra del proceso de impeachment contra Rousseff, mientras que la otra mitad de la población se manifestó a favor de la destitución de la presidenta. 

Similar a lo ocurrido recientemente en Argentina, Venezuela y en otros países de Latinoamérica, los partidos de derecha han adquirido fuerza y remontado en las preferencias populares. 

Algunos, sin embargo, permanecen fieles a las promesas progresistas de las izquierdas latinoamericanas del siglo XXI y creen que Dilma, en el caso de Brasil, sigue siendo la mejor opción para combatir los excesos oligárquicos del capitalismo. 

La decisión que hoy tome la Corte Suprema de Brasil será clave para el futuro del país y el de la actual presidenta. 

Dilma no está acabada, todavía

La batalla por detener el juicio político contra la actual presidenta tuvo una victoria esta semana, cuando Eduardo Cunha, el más acérrimo enemigo de Rousseff y Presidente de la Cámara de Diputados sufrió reveses orquestados por la policía y el Comité de Ética del Congreso. 

Cunha, uno de los políticos más poderosos de Brasil, y quien hasta hace unos días era considerado intocable, podría perder su trabajo por ocultar cuentas en Suiza. 

Hace apenas dos semanas, el Presidente de la Cámara Baja lanzó una intempestiva campaña para remover a Rousseff de la oficina presidencial, pero el martes la policía irrumpió en su casa para recolectar evidencia sobre supuestos casos de corrupción que involucran a Petrobras y a otras empresas.

Según cifras de la fiscalía, Cunha se habría apropiado ilegalmente de cinco millones de dólares. 

El capital político y la credibilidad de Cunha, principal promotor del impeachment, están en peligro y esto representa un respiro para la actual presidenta. 

El enemigo de Dilma ahora tendrá que luchar por su supervivencia en el gobierno y muchos brasileños, en especial los que están del lado de Rousseff, ya piden su renuncia inmediata. 

Revés económico

A pesar del apoyo popular, el factor determinante en la caída de las izquierdas en Argentina y Venezuela ha sido la desesperación de la gente ante una crisis económica que nunca termina. 

Brasil no es la excepción del grupo y las noticias para su economía no parecen mejorar. 

Ayer, la agencia financiera Fitch Ratings  degradó a Brasil debido a la profunda recesión que atraviesa el país sudamericano. 

La agencia rebajó la calificación de Brasil a “BB+” desde “BBB-” con una perspectiva negativa. Fitch es la segunda agencia que baja la nota soberana de Brasil a categoría especulativa, lo cual indica que el país se está volviendo menos atractivo para los inversionistas. 

La decisión de la agencia se sumó a la presión por la subida en las tasas de interés en Estados Unimos y señales de descontento del ministro de Hacienda Joaquim Levy, a cargo de la agenda de medidas de austeridad de Rousseff.

No obstante, el Banco Central de Brasil dijo que el país podrá soportar cualquier volatilidad del mercado tras la pérdida del grado de inversión y confirmó que seguirán recibiendo fuertes flujos de inversión. 

¿Qué pasará con Rousseff?

La decisión de la Corte Suprema será un paso más en la judicialización del impeachment.

Lo que se esperaba, hasta antes de ventilarse las acusaciones contra Cunha, era que Rousseff fuera suspendida de la presidencia por hasta seis meses. Si lo anterior prevalece, el Senado deberá  juzgar a la presidenta y decidir si procede o no su destitución. 

Por otro lado, es claro que los brasileños están más molestos por la peor recesión económica del país en los últimos 25 años, que por las acusaciones que se le imputan a su presidenta y los escándalos de corrupción al interior de su gobierno. 

Pero todo indica que la crisis política será un detonante que puede acabar con una era de reformas y progresos económicos en Brasil. 

El segundo mandato de Rousseff inició en enero y desde entonces varios problemas han atentado contra su popularidad: la economía entró en recesión en el segundo trimestre, la inflación alcanzó dos dígitos y el desempleo sigue a la alza. 

Además, debido a los roces con el Congreso, la presidenta no ha podido implementar un ajuste fiscal para ordenar las cuentas públicas.

Los defensores de las izquierdas latinoamericanas del nuevo siglo afirman que detrás de la desestabilidad económica de países petroleros como Brasil y Venezuela, está el deseo de Estados Unidos de controlar los recursos energéticos del continente.  

Los detractores desestiman este argumento y aseguran que la crisis obedece simplemente a la ineptitud y la corrupción de gobiernos como el de Rousseff. 

Hay elementos para defender ambos argumentos, pero la innercia de los tiempos indica que Dilma Rousseff no saldrá bien librada de esta batalla y la oposición conservadora tomará eventualmente el control de Brasil. 

Algunos verán lo anterior como un triunfo más del capitalismo estadounidense y esperarán a que existan las condiciones para que, en una o dos décadas, despierte nuevamente la esperanza progresista en América Latina.