El presidente Mariano Rajoy se negó a participar en el debate de ayer y prefirió organizar una entrevista exclusiva para televisión

El gran perdedor del debate político que antecede a las elecciones presidenciales del 20 de diciembre fue el Partido Popular (PP) y su candidato Mariano Rajoy. El presidente de España se rehusó a participar en el intercambio catalogado de histórico y organizado por el diario español El País.

Albert Rivera de Ciudadanos, Pedro Sánchez del Partido Socialista (PSOE) y Pablo Iglesias de Podemos estuvieron en desacuerdo durante varios momentos del debate, pero en algo siempre coincidieron:  El PP y Rajoy han hecho un mal papel gobernando a España. 

La pobre gestión del actual gobierno, según los candidatos presentes ayer, es la principal responsable de los actuales problemas económicos y sociales de ese país. 

A través de internet, los organizadores del debate preguntaron a la audiencia quién ganaba el debate. Al final de la discusión el triunfador, de acuerdo a esta encuesta, fue Pablo Iglesias, candidato del Podemos, quien acumuló 45 por ciento de las preferencias de los espectadores.

En contraste con el resultado de ayer, Iglesias entró al debate en cuarto lugar de acuerdo a los últimos sondeos presidenciales. Se prevé un repunte del ex profesor madrileño, pero le queda poco tiempo.   

A pesar de la victoria en el debate, en la carrera presidencial permanece el triple empate donde no aparece el nombre del candidato de Podemos. 

El PSOE no tiene el camino libre

Hace unos meses, ante la caída de Podemos en las preferencias de los españoles y el constante desprestigio de Rajoy ante la opinión pública, muchos pronosticaban que la elección presidencial sería fácilmente ganada por el PSOE y su candidato Pedro Sánchez.

Después de las elecciones catalanas y el encumbramiento de Ciudadanos como una de las nuevas fuerzas políticas de España, lo anterior dejó de ser verdad.

Ayer los jóvenes candidatos de los partidos más nuevos – Ciudadanos y Podemos – hicieron ver a Pedro Sánchez como un político de la vieja guardia a pesar de ser también muy joven. 

Iglesias y Rivera increparon al candidato del PSOE en varias ocasiones y señalaron, a pesar de reconocer que algunas de las propuestas de Sánchez eran sensatas, que en la realidad su partido no ha sido consistente y el pueblo español está cansado de políticos  que no cumplen lo que prometen.

Hacia el final de la discusión, tanto Rivera como Sánchez, que habían empezado ignorando a Iglesias, comenzaron a preocuparse más por el candidato de Podemos.

 Los candidatos del PSOE y de Ciudadanos arrinconaron a Iglesias hacia la mitad del debate, acusándolo de su simpatía por los comunistas soviéticos, el gobierno actual de Venezuela y una supuesta cercanía con ETA en Navarra. 

Esto bajó el puntaje de Iglesias – que llegó a rozar el 50 por ciento hacia el final del evento – pero no ayudó a que Sánchez repuntara. Esa variación benefició solo a Albert Rivera. 

El debate

En un encuentro histórico y poco común para la tradición política española, tres de los cuatro candidatos a la presidencia de España se vieron las caras públicamente por primera vez antes de las elecciones.  

El cuarto atril, que le correspondía a Mariano Rajoy, estaba vacío. Aunque el actual presidente aclaró en una entrevista que está dispuesto a debatir, pero sólo con el líder de la oposición. 

Albert Rivera, el considerado más conservador de los tres candidatos presentes, fue el único que llevaba corbata. Iglesias, por su parte, el considerado más liberal, no portaba saco. 

En el centro, tanto en la forma de vestir – traje sin corbata –, como en sus propuestas se ubicó Pedro Sánchez, quien aseguró que solo su partido ofrece un cambio realista. 

Esta aseveración marcó la dinámica del debate desde el principio. 

A pesar de estar ubicados en extremos opuestos del espectro político, Rivera e Iglesias se pusieron de acuerdo en indicar, en repetidas ocasiones, que lo que ofrece el PSOE, a pesar de decirse socialista, es lo mismo que ha ofrecido el PP en los últimos cuatro años. 

Fue claro que es importante para los dos jóvenes destronar a los partidos tradicionales, el PP y el PSOE, de la preferencia de los españoles. 

En lo único que los tres candidatos estuvieron relativamente de acuerdo, a pesar de diferir en el cómo, fue en mantener la unidad en España. 

Los tres expresaron su rotundo rechazo a las pretensiones de Artur Mas, Presidente de la Generalidad de Cataluña, de independizarse de España.

Iglesias apoya el derecho de autodeterminación, pero dijo que la unidad dependerá de la capacidad del gobierno central para incluir a todas las culturas del país.

Sánchez y Rivera coincidieron en que la independencia de Cataluña se evitará simplemente aplicando la ley al pie de la letra. Algo similar a lo que ya está intentando hacer Mariano Rajoy. 

El debate fue más intenso cuando se habló de los que se consideraron los dos problemas más importantes para España: La falta de empleo y la corrupción. 

Conforme avanzó la discusión, las discrepancias hicieron que los candidatos se interrumpieran y atacaran, perdiendo tiempo para la exposición de propuestas concretas.

Después del debate y a 19 días de la elección definitiva, una cosa quedó clara en esta última etapa de la carrera presidencial ibérica:

Los partidos “nuevos” han ganado mucho terreno e incluso han remontado – en el caso de Podemos -, después de que muchos ya los daban por muertos. 

Falta poco para saber si las viejas formas de la política en España quedarán atrás o alguna de las nuevas formaciones triunfarán en la contienda principal.

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