"Todo régimen tiene su impronta arquitectónica, su ícono, y no tengo duda de que la imagen de éste (el de Hugo Chávez) es la Torre de David”
Guillermo BarriosDecano de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela
Los ocupantes desarrollaron una comunidad interdependiente dentro de la torre: guardias de seguridad, una cooperativa y transporte entre pisos

Lo que hubiera sido un importante centro financiero venezolano terminó convirtiéndose en el gueto más grande del mundo. 

En corazón de Caracas, capital de Venezuela, donde ocurre gran parte del movimiento económico y político de la ciudad, resalta la favela vertical conocida popularmente como  “Torre de David”, elemento que parece haber sufrido el “mordisco de los gigantes”. 

Situada en la avenida Urdaneta, la Torre Confianzas –como se hubiera llamado oficialmente–, es el hogar de 950 familias que tomaron posesión del edificio de manera ilegal en 2007. 

El hogar de la ahora considerada invasión más grande del globo, inició su construcción a comienzos de 1990 y se paralizó por completo en 1994 con la caída de la banca venezolana.  

La mente que hizo crecer a este gigante fue el arquitecto Jorge David Brillembourg Ortega. 

Planeaba crear el “nervio central” de las finanzas venezolanas con este proyecto. 

Las cinco estructuras que conforman esta invasión son la viva realidad  de la crisis habitacional que sufre este país.

El sistema de convivencia

Los ocupantes saben que son un grupo interdependiente, por lo que han desarrollado reglas que buscan mejorar la convivencia.

Esto los ha llevado a formar una verdadera comunidad, incluso ahora registrada como una cooperativa bajo el nombre de Casiques de Venezuela R.L. (sic). 

Entrar a esta torre es fácil si se es residente, pues hay guardias de seguridad las 24 horas que deben conocer a todos los vecinos.

El mayor problema que presentan es la carencia de elevadores, pues nunca fueron concluidos por los trabajadores del proyecto inicial.

Subir 48 pisos no es tarea fácil. Ante esto, los mismos residentes han generado un sistema de colaboración para facilitar el proceso.

Existen mototaxis que transportan a las personas al piso 10 – hasta donde llega el estacionamiento– por una cuota de 2.5 dólares aproximadamente. 

Por otra parte, están quienes por 1.5 dólares ayudan a los residentes a llevar las compras del supermercado, sobretodo si viven en los pisos más altos. 

Además, para que la dificultad de adquirir productos de primera necesidad se vea reducida, muchos habitantes han creado bodeguitas donde venden alimentos, elementos de aseo personal, entre otros. 

Incluso hay quienes han optado por dar servicios de costurera, peluquería y abastecimiento de artículos de oficina.

Distribución de los servicios

A pesar de que en sus inicios obtenían luz de manera ilegal, ahora los ocupantes se pusieron al corriente con la compañía que distribuye la electricidad en la ciudad (Corpoelec). 

El agua, por su parte, es repartida por medio de bombas que llegan a los diferentes pisos.

No obstante, ante la carencia de tuberías, el líquido es transportado a cada departamento a través de mangueras que abastecen dos tanques de 500 litros localizados en cada una de las unidades habitacionales.

Para cubrir con todos estos servicios, los residentes deben pagar en promedio 15 dólares mensuales.

La organización de la pequeña ciudad

Así como todo país tiene un gobierno, la “Torre de David” tiene una organización vertical, encabezada por una directiva, que a su vez tiene bajo su mando a los encargados de cada piso, quienes son intermediarios de los residentes y los “directivos”.  

En cada planta hay un residente delegado que recoge mensualmente el pago, distribuye las tareas de limpieza y organiza el reparto de agua.

No todo es maravilla

“Todo régimen tiene su importancia arquitectónica, su ícono, y no tengo duda que la imagen arquitectónica de este régimen es la Torre de David”, afirmó Guillermo Barrios, decano de Arquitectura de la Universidad de Venezuela.

“Encarna la política urbana de este, que puede definirse por la confiscación y expropiación, por la incapacidad gubernamental y el uso de la violencia”, continuó.

“Después de décadas de abandono, pobreza, corrupción y agitación social, Caracas se ha deteriorado muchísimo.

 “Es una ciudad fallida y la Torre de David es quizás el símbolo más importante de ese fracaso”, comentó Anderson.

No obstante, la torre vista a lo lejos no da indicio de problemas, opinó Jon Lee Anderson, periodista de The New Yorker en un reportaje. 

Estos llegan al acercarse, cuando se detallan los paneles de vidrio perdidos, las antenas parabólicas asomadas como hongos en la fachada que son parte de este “coloso de hormigón sin terminar en el que habitan personas”.

La directiva de la invasión está en manos Alexander “El Niño” Daza, un antiguo criminal convertido en pastor evangélico.

Daza es un ardiente partidario del fallecido presidente Hugo Chávez. 

Esta lealtad política puede verse plasmada en varios rincones del lugar. 

El líder apuesta por la versión de que la torre estaba “muerta” y su gente le dio “vida”. Dice: “La rescatamos con la visión de vivir aquí en armonía”.

En contraparte, el decano Barrios lo ve como el líder de un grupo de invasores que vende la entrada al edificio, lo califica como un ejemplo del salvaje capitalismo afirmando que este, por medio de la religiosidad, arropa al grupo violento que hay detrás de él.

Hasta ahora, el gobierno ha ignorado la situación ilegal de esta ocupación, por lo que el futuro de los habitantes de este barrio vertical es incierto.

Da Tauer –  Ciudad de David

No te pierdas el teaser del documental sobre la torre