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presidentes de América Latina no han podido terminar su mandato

¿La democracia produce demócratas? Es la pregunta que nos plantea el último informe de Latinobarómetro en su edición de este año.

 

¿Se ha estancado el proceso de consolidación en las democracias o hay un retroceso de estas? Y, en ese sentido ¿cómo América Latina se incorpora en este escenario de declive? Y ¿qué dicen sus ciudadanos?

 

La evidencia de 18 países latinoamericanos encuestados refleja que lamentablemente, y al menos en las últimas dos décadas, las democracias en la región no sólo no se consolidan, sino que la baja confianza en las instituciones se acentúa.

 

Tal como funcionan las democracias actualmente en la región, éstas han sido incapaces de producir demócratas. O, al menos, no lo han hecho en la proporción necesaria para que el régimen político mejore.

 

Se podría decir que ningún mandatario latinoamericano cuenta hoy con un capital político a su favor. 

 

Y que si el 2015 apuntó hacia el fin del hiperpresidencialismo, hoy, la dinámica política es diferente con la hiperparticipación.

 

Si algo es cierto es que las democracias han empoderado a los ciudadanos a salir con más frecuencia a las calles a protestar para exigir sus derechos.

 

Es probable que las redes sociales y la velocidad del Internet estén relacionados con esto, pues el ritmo del mundo ha cambiado y el pasado parece no existir: lo que sucede en la mañana ya es noticia vieja en la tarde, y la gente busca constantemente  lo que sigue.

 

El tamaño y la forma en que Internet y las redes sociales están penetrado en la vida diaria de los ciudadanos está produciendo pequeñas revoluciones invisibles.

 

En primer lugar objetiviza la información de una manera creíble, y por otra, la hace horizontal, es decir accesible sin diferencia de condición.

 

Es interesante observar que, según el informe, Facebook es la red social más usada en la región. En 12 de los 18 países latinoamericanos el 50 por ciento de los ciudadanos dice que usa esta red.

 

Y aunque la felicidad sigue siendo el bien más preciado que tiene América Latina –  el país más feliz es República Dominicana con 88 por ciento y el menos feliz es Venezuela con 58 por ciento–, lo que 5 años atrás era tolerable, hoy ya no lo es.

 

No creen en sus gobiernos

 

De acuerdo con los datos arrojados por el informe, este es el cuarto año consecutivo en que el apoyo a la democracia no mejora.

 

Y si en el 2010 había un 61 por ciento de credibilidad en la democracia, en el 2016 toca sus índices más bajos con 54 por ciento.

 

La credibilidad en el gobierno del conjunto de países encuestados es del 28 por ciento y en los partidos políticos del 17 por ciento.

 

El 73 por ciento de los ciudadanos de la región creen que se gobierna para el beneficio de unos pocos grupos poderosos.

 

Republica Dominicana registra el porcentaje más alto de aprobación con el 76 por ciento, y Perú el más bajo con un 19 por ciento. Mientras que México se encuentra en el lugar 15, con el 25 por ciento de aprobación hacia su gobierno.

 

Según el informe, la ciudadanía no sólo demanda derechos, sino que está dispuesta a cumplir las leyes, pero al mismo tiempo exige resultados.

 

 Ésta situación contrasta con la actitud pasiva y silenciosa de las sociedades del pasado.

 

Hoy las personas aspiran a que haya soluciones concretas para problemas concretos. Pero también, que se apliquen de inmediato porque no hay disposición  a esperar las soluciones prometidas para mañana.

 

Este déficit de confianza ocurre en un momento en donde se mezclan las bajas perspectivas económicas de la región con las altas demandas de los ciudadanos hacia los gobiernos.

 

Estos dos hechos, la influencia del ciclo económico y la debilidad de producir demócratas, son dos de las explicaciones que propone el informe para entender la desaceleración en la construcción de mayores grados de democracia en el continente.

 

Y si esos dos factores son determinantes en el destino de la democracia, se está empujando a los ciudadanos a una alta demanda de igualdad y libertad traducida en garantías cívicas y políticas, y garantías sociales. 

 

La corrupción: un mal común

 

Sin duda, la situación de Brasil marca a toda la región, no sólo porque es el país más grande, sino el más poderoso y el único que, desde Latinoamérica, se codea con las potencias mundiales.

 

Pero Brasil sufre simultáneamente un crisis política y su peor momento económico en los últimos 25 años. Y con la destitución de Dilma Rousseff suman 14 los presidentes de América Latina que no han podido terminar su mandato.

 

Así, la destitución de Dilma por escándalos de corrupción nos demuestra que ésta no es una enfermedad exclusiva de Brasil, y más bien, es difícil encontrar un país que no esté afectado por este problema.

 

En Latinoamérica la corrupción ha dejado de ser un problema nacional para convertirse en un problema de la región.

 

Por eso, la corrupción constituye un indicador muy importante para conocer la apreciación de la democracia.

 

Para este informe se aplicó una pregunta: ¿Es posible erradicar la corrupción de la política? El 50 por ciento de los entrevistados dijo que sí, mientras que el 43 por ciento respondió que no.

 

El mayor optimismo se observó en República Dominicana con el 61, mientras que el país más pesimista fue Chile, donde se registró apenas un 32 por ciento. En México, un 54 por ciento dice que no es posible erradicar la corrupción.

 

De este informe se concluye que en aquellos países donde las personas perciben que se avanza en la lucha contra la corrupción existe una mejor apreciación de la democracia.

 

En este sentido, la satisfacción con la democracia viene disminuyendo desde 2009. En el 2016 impera la insatisfacción en el continente: el 62 por ciento dice estar insatisfecho con la democracia.

 

Si se analiza la evolución del apoyo a la democracia por país, en 5 aumenta: Paraguay, Costa Rica, Panamá, Argentina y Honduras. Sólo hay uno en donde no hay variación: México.

 

Los motivos son claros y no son de fácil solución. Pues se trata de la corrupción, la violencia o la desigualdad.