La decisión de Jorge Mario Bergoglio de renunciar al suntuoso apartamento pontificio ubicado en el Palacio Apostólico del Vaticano, para vivir en una residencia más austera, sorprendió al mundo el 27 de marzo de 2013.

Aunque no era el primer gesto de sencillez del argentino, la noticia dio un respiro a la Iglesia Católica, que durante la gestión de Benedicto XVI se vio manchada por el escándalo de corrupción derivado de los llamados Vatileaks. 

Hoy, a poco más de un año de que Francisco se mudara a una habitación doble en la residencia de Santa Marta –que no supera los más de 70 metros cuadrados–, el exsecretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, está opacando los esfuerzos del pontífice por cambiar la imagen de la Santa Sede.

Según reportó el diario italiano La Repubblica, el cardenal, acusado de abuso de poder y de vínculos con políticos sospechosos de corrupción, se mudará a un apartamento de 650 metros cuadrados en el Vaticano.

El medio detalló que actualmente está siendo remodelado para unir dos apartamentos, y que en mayo podría ser habitado. Agregó que vivirá con tres monjas que trabajaron con él cuando era secretario. 

A pesar de que la Santa Sede no se ha pronunciado al respecto, el medio asegura que Francisco reaccionó con un fuerte enojo cuando se enteró de los planes de Bertone, que contradicen su petición de una “Iglesia pobre para los pobres”.