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países producen el 60 por ciento del CO2 en el mundo
"Si los países desarrollados no ponen su dinero junto a sus palabras el resultado de París será un problema”
Prakash Javadekar ex ministro medio ambiental de la India
Debido al cambio de enfoque traído por el terrorismo, los líderes medio ambientales del mundo han sostenido una serie de juntas de emergencia en los últimos días para replantear la estrategia y los mensajes que se utilizarán en los eventos de la COP21
En la COP21 se espera la presencia de 120 jefes de estado y otros 60 mil asistentes
"Sería triste y catastrófico que los intereses particulares prevalezcan sobre el bien común”
Papa Francisco I hablando desde Nairobi sobre un posible fracaso de la cumbre climática

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cambio climático es el asunto global que define al siglo XXI. 

Este problema ya está causando miles de muertes cada año debido al cambio en los patrones de varias enfermedades, a eventos meteorológicos más extremos (sequías e inundaciones), a la degradación de la calidad del aire, la escasez alimentaria y a una muy pobre sanidad.  

Cuando se anunció que la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático de la ONU (COP) se llevaría a cabo en París, la esperanza de los activistas que luchan por salvar al planeta retomó fuerza. 

No había habido una cumbre que generara tal expectativa desde la de Copenhague en 2009. No obstante, la voluntad política de muchos países en aquella reunión no estuvo al nivel de lo esperado y la COP15 resultó un rotundo fracaso.

El protocolo de Kioto, acuerdo a partir del cual los países del mundo se comprometen a reducir sus emisiones de dióxido de carbono, no pudo ser renovado en Dinamarca y las negociaciones se estancaron drásticamente. 

Los errores de Copenhague hicieron que el mundo reevaluara la aproximación a las negociaciones y comenzara de nuevo dando pasos más pequeños. 

La situación fue mejorando paulatinamente a lo largo de las cumbres climáticas de Cancún, Durban, Catar, Varsovia y Lima. 

Los avances no fueron espectaculares, pero después de un trabajo de seis años, todo parecía indicar que en París, las condiciones estaban dadas para finalmente esperar un nuevo acuerdo climático. 

Lamentablemente, después de los atentados del 13 de noviembre, con la Ciudad Luz de luto y Francia en estado de emergencia, las expectativas para que la COP21 entregue resultados significativos han decaído estrepitosamente en los últimos días. 

Además, debido a que la amenaza terrorista continúa vigente, es muy probable que incluso el cambio climático no sea el tema prioritario de la reunión. Algo similar ya ocurrió hace una semana en la cumbre del G20. 

El día de hoy Francia recibirá a todos los líderes del mundo. Presidentes, primeros ministros y demás personalidades se darán cita en París, pero todo parece indicar que el fantasma del extremismo islámico opacará a la reunión y mermará la voluntad política de los negociadores. 

Suena fácil 

Un acuerdo internacional, legalmente vinculante, que asegure que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) sean reducidas antes del final del siglo 21, para prevenir un incremento de dos grados Celsius en la temperatura promedio del planeta.

Esa es la meta de la COP21, que hoy inicia en París. 

La responsabilidad de lograr el objetivo de la cumbre, sin embargo, reside en los hombros de los países más ricos. Todos aquellos cuyo consumo y avaricia han llevado al mundo al borde del precipicio medioambiental. 

El problema no es ecológico. El cambio climático representa una crisis global social y económica. Por lo tanto, países como Estados Unidos, China o Rusia tendrán que ceder sus intereses para llegar al punto deseado, pero lograr eso será muy difícil. 

La amenaza es clara contra las futuras generaciones de seres humanos. Sin embargo, la visión cortoplacista de los gobiernos actuales es una de las grandes barreras para prevenir una catástrofe medioambiental en este siglo. 

Por qué es tan difícil

El fracaso de Copenhague todavía está fresco en la mente de algunos analistas, quienes aseguran – contrario a la opinión de los organizadores – que las condiciones no están dadas para que París cumpla la meta esperada y dan argumentos claros. 

Primero. Seis de las 10 naciones que más GEI emiten no han establecido metas claras para reducir sus emisiones. 

Países como China, India y Rusia han confirmado que sus emisiones seguirán aumentando por los próximos 15 años (35 en el caso de India).  

Con este precedente, incluso si todos los demás países cumplen sus promesas climáticas, todavía faltaría reducir la mitad de los GEI para estabilizar la temperatura global. 

En segundo lugar, el canciller de Estados Unidos ya anunció que el acuerdo de París no tiene posibilidades de ser legalmente vinculante.

EU aspira a un acuerdo más modesto y no uno que remplace al protocolo de Kioto, el cual ya se está volviendo obsoleto. 

Sin una obligación legal los líderes escépticos – un posible escenario en Estados Unidos si los republicanos ganan la presidencia – pueden ignorar los compromisos y retener los fondos para proyectos relacionados al cambio climático.

Finalmente, los representantes de los países en vías de desarrollo ya han condicionado su apoyo, al compromiso de los países ricos para financiar proyectos climáticos. Ya hay casos actuales donde los recursos están atorados. 

Por ejemplo, el Congreso de Estados Unidos no ha aprobado las propuestas climáticas de Barack Obama y constantemente se ha rehusado a liberar los recursos para proyectos que ataquen al problema del calentamiento global. 

¿Dios ayudará?

Desde Kenia, el Papa Francisco ha advertido a los líderes del mundo que un fracaso en las negociaciones de París acarrearía problemas muy graves para todo el planeta. 

Asimismo, anticipando la discusión principal de la COP21, el Papa también comentó en Nairobi que la sociedad mundial se está radicalizando de manera peligrosa en nombre de la religión y se están destruyendo comunidades.

No obstante, desde el inicio de su pontificado, Francisco I ha establecido un fuerte compromiso con la lucha medio ambiental, tratando de suavizar las posturas contra el cambio climático de las ultra derechas. 

Con la publicación de la encíclica Laudato si o Sobre el cuidado de la casa común, escrita íntegramente por el Papa y dada a conocer en junio de 2015, el Vaticano confirmó su consideración de que la lucha contra el cambio climático es un deber social irrenunciable para toda la humanidad. 

La encíclica verde es un llamado de atención a individuos, gobiernos, empresas y organizaciones para adquirir un compromiso integral con el desarrollo sustentable.

El temor alrededor de la cumbre

A pesar de que François Hollande ha declarado que su país se encuentra en guerra, su gobierno decidió no cancelar la cumbre climática. 

La cancillería francesa ha confirmado que las protestas alrededor de la COP21 – las cuales son muy comunes en este tipo de reuniones donde asisten los líderes internacionales – estarán prohibidas.

El temor sembrado por los ataques del 13-N y las investigaciones para dar con los responsables, las cuales todavía siguen su curso, han hecho que las medidas de seguridad alrededor de la COP se vuelvan más estrictas. 

Según fuentes oficiales, la mayoría de los eventos seguirán el rumbo que tenían planeado antes de los ataques, incluyendo los conciertos musicales y otras actividades alrededor de las negociaciones y las reuniones plenarias. 

Los activistas que organizan las protestas se han manifestado al respecto y confirmado que la lucha climática se debe amplificar a partir de la violencia de París. 

“A pesar de comprender las circunstancias especiales que rodean a la COP21, ésta no puede tener lugar sin la participación y las movilizaciones de la sociedad civil”, aseguró un portavoz de la Coalición por el Cambio Climático.

Callejón sin salida

Mientras las grandes corporaciones dominen las negociaciones de las COPs, la batalla contra el cambio climático no podrá ser triunfal.

Muchos de los gobiernos que han enviado delegados para negociar sobre cambio climático a París, están paralelamente realizando acuerdos comerciales que beneficiarán a sistemas como la fracturación hidráulica – práctica sumamente dañina para el medio ambiente – o a mega proyectos de agricultura que impiden la habilidad de los campesinos para adaptarse a los estragos del cambio climático. 

Durante las dos semanas que durará la COP21 es probable que estos gobiernos usen tácticas de negociación que garanticen los intereses de sus corporaciones, incluso a costa del bienestar del planeta. 

Lo único seguro es que los países seguirán mandando a miles de delegados, con fondos públicos, a ésta y a otras cumbres en todos los rincones del planeta para negociar tratados que parecen nunca llegar a nada concreto.

Mientras tanto la amenaza del calentamiento global permanece vigente.