La retirada definitiva de las tropas estadounidenses el 18 de diciembre de 2011 abrió paso al grupo insurgente Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS, por sus siglas en inglés), milicia que busca formar un Estado independiente en el norte de Iraq y el este de Siria. 

Desde entonces el gobierno de Estados Unidos y el iraquí temieron que hubiera un brote de violencia sectaria, algo que comenzó a aflorar en 2012 y que culminó hace unos días.

El pasado 10 de junio ISIS tomó el control de Nineveh, provincia ubicada en el norte de Iraq. 

Desde entonces el grupo separatista ha tomado ciudades estratégicas como Mosul, capital de Nineveh, y Tikirit. Durante las invasiones se ha  apoderado de dinero y armamento,  ha capturado a tropas gubernamentales y ha llevado a cabo decapitaciones masivas. Además ha provocado  la huída de miles de civiles. 

Ante la amenaza de que ISIS, vinculado a Al Qaeda, avance hacia Bagdad y otros territorios, los países vecinos y Occidente encendieron la alerta. 

Ayer, el secretario de Estado de EU, John Kerry, estuvo en Bagdad, donde advirtió que “el futuro del país dependerá principalmente de la capacidad de los líderes iraquíes para unirse y forjar un frente común contra ISIS”, reportó The Associated Press. 

El presidente estadounidense Barack Obama ya había anunciado el pasado jueves el envío de 300 asesores militares, a petición del primer ministro iraquí, el chiíta Nuri al Maliki.

En su reunión con Kerry, Al Maliki –acusado de comportamiento sectario por sunitas, kurdos e incluso entre los chiítas– aseguró que el Parlamento se reunirá el próximo 1 de julio para iniciar el proceso de formación de un nuevo Gobierno de unidad.