La austeridad ha favorecido la propagación de grupos de extrema derecha que culpan a migrantes y liberales de la crisis

El suelo griego tiembla de nuevo y esta vez no es en respuesta a la crisis económica. 

El asesinato del rapero y activista de izquierda Pavlos Fyssas ocasionado por un neonazi el día miércoles, no fue tomado por la ciudadanía como una víctima cualquiera.

Tras haber sido sepultado por miles de personas, incluidos familiares y amigos, la muerte de Fyssas ha desatado disturbios que se teme puedan llegar a generar una desestabilización en el frágil clima social que vive Grecia. 

Por su parte el primer ministro griego, Nikos Dendias, ante el tenso ambiente que se generó, prometió que el gobierno no permitirá que los neonazis “envenenen la vida política y social del país”.

“Este asesinato salvaje (…) muestra el carácter y los objetivos del partido neonazi”, agregó. 

Según los relatos narrados, el grupo que atacó a la víctima era parte de “camisetas negras”, el grupo de choque de Amanecer Dorado. Este grupo forma parte de una organización política griega de ideología nacional socialista, y son los llamados neonazis. 

El agresor de 45 años, que ya está en manos de la justicia tras haber confesado abiertamente ser miembro del grupo de extrema derecha. 

Este no es el primer altercado que involucra a los “camisetas negras”, pero los responsables nunca han sido detenidos, tema que preocupa a varios grupos de defensa de derechos humanos que se quejan de la falta de interés de la policía de investigar a esta organización.