Este año se cumplen tres décadas desde 1984, el año que referenció George Orwell en 1949 como el futuro distópico. 

El autor pintaba a una sociedad regida por una guerra perpetua contra un enemigo invisible, la omnipresente supervisión gubernamental, la manipulación pública y la persecución de todo pensamiento individualista. 

Antes de sonar las alarmas, notemos que esta profecía no se cumplió. Los poderes icónicos del libre mercado se impusieron al frente comunista, la libre expresión encontró su hogar en el Internet, y, aunque de forma tumultuosa, vimos la caída de algunos tiranos. 

Pero los dos años del sexenio de Enrique Peña Nieto nos parecen indicar cuál es el tercer libro que ha marcado la vida de nuestro presidente.

Al inicio de su gobierno, se tenía la esperanza de que el Momento Mexicano llegara. Medios periodísticos y opiniones financieras internacionales abogaban que nos preparáramos para un nuevo auge económico. 

Pero la realidad que hemos vivido, aunque pueda tener nombres de esperanza como en “1984”, terminan por emanar ironía de su léxico.

La seguridad nacional, pilar del cual tanto se criticó al gobierno de Felipe Calderón, se esperaba como el frente de mayor importancia para EPN. 

En lugar de eso, vimos cómo la Secretaría de Gobernación se vio inútil ante el levantamiento en armas de los llamados Grupos Autodefensas, en Michoacán.

La creciente violencia en Tamaulipas, Veracruz, Chihuahua y el Estado de México ha carecido de la misma cobertura en medios y se ha aumentado la agresión contra periodistas mexicanos. Según la Campaña para la Libertad de Expresión, en el primer trimestre del gobierno actual se disminuyó el uso de las palabras “asesinato” y “narcotráfico” en un 70 y 44 por ciento con respecto al trimestre anterior. 

Se busca manejar la percepción pública con tintes del Ministerio de la Verdad y el Ministerio de la Paz en la novela ficticia de Orwell. 

Por otra parte, la visión de libre mercado que ha permeado el desarrollo industrial y comercial, parece haber sido ignorada por la administración actual. Con un crecimiento en el 2013 de 1.1 por ciento, y las bajas expectativas para el 2014; solo se puede especular cómo aminorar el desarrollo económico en tan gran medida en tan corto plazo. 

En gran parte, el dedo apunta al manejo de la política fiscal, y particularmente la reforma hacendaria que se promulgó y ha sido muy criticada.

El presidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas la consideró “un lastre para México” y un retroceso para la economía mexicana por su carga regresiva, incentivo al mercado laboral informal, a la elusión y a la evasión fiscal.

En tercer lugar, la reciente reforma en telecomunicaciones ha generado controversia por tener la pinta de una reforma en un país con años de atraso en acceso y velocidad en telecomunicaciones, pero que censura el acceso, restringe su uso y atenta contra los derechos humanos. 

Ha causado conmoción por, entre varios temas, abrir la puerta al bloqueo temporal del Internet, en caso de que una autoridad lo considere apropiado para mantener la seguridad nacional. 

Los cuentos distópicos son tan populares porque nos imaginan un mundo trágico y alejado del nuestro. Aminoramos el valor de toda comparación entre la realidad y la ficción. Pero la distopía también sirve a otra función, la de advertirnos en la necesidad de tomar acción en contra de las decisiones equivocadas que poco a poco pueden convertir la fantasía en realidad.