Exagente de la KGB, cinta negra en judo y karate, y posiblemente la persona más poderosa (y de mayor fortuna) en el mundo, Vladimir Vladimirovich Putin está causando la mayor perturbación entre Rusia y el resto del mundo desde la Guerra Fría, principalmente porque nadie lo entiende. 

En la cúspide de la anexión de la República Autónoma de Crimea a la Federación de Rusia, liberándose así de la soberanía ucraniana, los líderes geopolíticos no han reservado sus palabras para evidenciar la sorpresa de tal evento. 

¿Cómo es que el líder que vimos abrazando a atletas olímpicos y siendo fotografiado vacacionando con su familia hace unas semanas puede ser el mismo líder con facciones estalinistas?

Desde el reporte de que la canciller alemana Angela Merkel acusó al líder ruso de haber “perdido contacto con la realidad”, hasta la acusación del presidente Barack Obama de que Putin mantiene un viejo tablero de ajedrez, como reliquia de la Guerra Fría, la sorpresa de parte del oeste se basa en gran parte por el errar en sus preceptos de expectativas racionales. 

En una de las aplicaciones contemporáneas de conceptos económicos a la ciencia política, se encuentra el estudio de decisiones geopolíticas con herramientas de teoría de juegos. 

La teoría propone que cuando dos personas están tomando una decisión simultánea, se debe de estimar lo que el otro jugador espera ganar ante cada situación.

En este caso, y simplificando, al estimar qué decisión sería la óptima para Putin en el caso de Crimea, el mundo occidental nunca se imaginó que se haría un impulso por la anexión de Crimea, con métodos de manipulación y extorsión evidentes. 

Lo que esperábamos del Kremlin se basó en el sesgo que se había creado en los últimos 15 años sobre sus intereses y analizando lo que les convenía a ellos, desde nuestros ojos. 

Aquí es donde la creación de soluciones heurísticas basadas en la simplificación de complejos esquemas geopolíticos han afectado nuestra reacción ante la situación en Crimea. 

De ahí vimos caídas en los índices de mercados y un regreso al refugio en futuros de oro y petróleo; típicas medidas de acción ante la inseguridad financiera. 

El análisis post a la crisis en Crimea nos recordó de situaciones que debieron de haber dirigido nuestro análisis y manejado nuestras expectativas de resolución. 

Se nos olvidó considerar cómo en el 2008, tras movimientos separatistas en Osetia del Sur, probablemente instigados por el Kremlin, Rusia abogó por intereses de nacionales rusos e invadió militarmente tal parte de Georgia ante la recriminación del Occidente. 

También se nos olvidó considerar que la relación de Ucrania, y particularmente de Crimea, con Rusia es mucho más estrecha que otros países eslavos. Tanto así que Putin, desde que entró al poder en 1999, nunca ha aceptado a Ucrania como un país independiente. 

Mientras vemos la continuación de esta situación y especulamos los intereses expansionistas de Rusia, se debería de hacer una reflexión sobre las expectativas racionales que tenemos sobre otros líderes geopolíticos. 

Con esta referencia, nos caería bien una reflexión sobre personajes como Maduro, Bashar al-Assad, Rouhani, Kim Jong-Un, Karzai y toda lista de jugadores en el tablero de geopolítica internacional que puede que estemos simplificando sus intereses y objetivos con tal de entenderlo mejor bajo nuestros ojos. 

Y así como nos enseñó Sun Tzu, y confirmado por  la teoría de juegos, el que pueda estimar la estrategia del adversario saldrá victorioso.