Pregunta indiscreta: ¿cuánto vale tu vida?

Seguramente me contestarás categóricamente con la misma frase que utiliza como eslogan una de las procesadoras de pago más grande del mundo: “no tiene precio”. Y desde un punto de vista humano, religioso, romántico, filosófico, antropológico, esotérico y hasta erótico, puede ser que tu existir sea invaluable. Pero ¿qué crees? Desde una óptica económico-financiera, ¡claro que tenemos precio!

El mentado renglón de arriba suena como algo muy frío, crudo y hasta vulgar, pero la realidad de las cosas es que nuestra vida se puede tasar con pesos y centavos en función de lo que generamos. ¡Así de fácil! Y por muy inhumano y materialista que suene, es una absoluta verdad.

¿Te has preguntado cómo quedarían tus seres queridos si te vas mañana de este mundo? Puede ser que, en lo anímico, súper contentos. Pero ¿en lo económico? ¡Esa es la pregunta clave! Yo no entiendo cómo la gente se atreve a levantarse de la cama sin tener un seguro de vida; de verdad, no lo comprendo.

A lo largo de mi vida, tanto personal como profesional, he constatado innumerables historias de horror cuando la cabeza de familia falta. Desde temas escolares hasta lo más básico como casa, vestido y sustento, se llegan a complicar. Comprar este seguro significa que mi prematura muerte no coartará la calidad de vida de mi familia.

Ahora bien, no falta quien me diga: “¡Y qué! Yo no estoy casado, ni tengo hijos o hermanos; no tengo padre, tampoco tengo madre que mantener. Así que a mí qué me importa tu seguro de vida”.

Oye, oye… ¿y si te invalidas? Muchas veces es más costoso un estado de invalidez que la misma muerte, y la forma de gozar de esta cobertura es precisamente mediante el seguro que nos ocupa el día de hoy.

No hay pretexto. Todos los clasemedieros e incluso gente de menor nivel económico pueden contratar un seguro de vida, pues existen productos que literalmente cuestan unos cuantos pesos al año. Es cuestión de voluntad y de tomar la decisión de proteger a los nuestros. Como aprendí de mi querido amigo Marcos, “los seguros de vida se compran con amor y se pagan con dinero”.

Y, por cierto, no creas en la superchería de que te “echan la sal” si te ofrecen uno de estos productos, pues esto es absolutamente falso. No olvides que los seguros, principalmente el de invalidez y vida, no son un gasto sino una inversión.

Reflexiona: ¿tienes la vida comprada?… Yo no.

Recuerda que “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.