Permanentemente, en todos los foros en los que hablo del tema seguros, pregunto lo mismo: ¿quién está bien asegurado?

De hecho, este cuestionamiento también lo hago en el propio sector asegurador y el resultado (aunque usted no lo crea) es muy parecido al del público en general: unas cuantas manos se levantan, la mayoría de manera muy timorata.

Acto seguido respondo que antes de contestar la tan directa pregunta deberían de averiguar qué es estar bien asegurado, pues mucha gente cree a pie juntillas que proteger la carcacha es más que suficiente para aprobar un examen doctoral de conciencia previsional. Así que, acto seguido, me dispongo a plantear el abc de “los seguros que todos debemos comprar”

Ya platicamos en el artículo anterior de la relevancia del seguro de vida, que es el primero que deberíamos de contratar todas las personas. El colmo de la desfachatez es que hay gente (más o menos un tercio de la población, que tampoco es un dato para sonar fanfarrias) que aseguran su auto y su vida no. Al cuestionarlos sobre tan ominosa decisión con la frase de “¿por qué tienes seguro de tu vehículo y no de fallecimiento?” te contestan: “es que si me rayan el coche… me muero”. ¡Qué aberración!

Bueno, sigamos con la lista. Toca turno al seguro de vivienda, pues la casa es el patrimonio más grande que logramos tener los de clase media, y los fenómenos naturales y humanos están a la orden del día.

Ahora vamos con gastos médicos mayores, que, si bien es recomendabilísimo, no siempre está al alcance de todos los bolsillos.

Continuemos con el seguro de retiro, pues el día de mañana cobraremos, la mayoría de las personas, una pensión derivada de seguridad social que será insuficiente; de ahí la importancia de comprar con celeridad este gran producto de seguros.

Y finalmente, se asegurará el automóvil puesto que, por muy lujoso que sea, nunca valdrá más que tu vida, tu salud, tu vejez o tu vivienda.

Después de esta explicación, acometo nuevamente repitiendo: “levante la mano quien esté bien asegurado”. Menos del dos por ciento en este país se asegura de manera integral, y cuando sobreviene una desgracia estiramos la manota para que el gobierno, el patrón, mi familia y mis amigos resuelvan lo que yo no pude simplemente porque “no se me pegó la gana”. Así de categórico y sencillo.

Reflexiona y actúa para que puedas decir ufanamente: “yo sí estoy bien asegurado”

Recuerda que “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.