El futuro, esta bella palabra que engloba misterio, incertidumbre y esperanza…al tener su origen en el latín futurum, tengo entendido (perdón, no soy experto en lenguaje) que se deriva del verbo ser, y su traducción más directa sería “lo que ha de ser”.

Hace 40 años, Ridley Scott estrenaba Blade Runner, en 1982, una visión oscura de cómo, precisamente, sería el 2019, en Los Ángeles; en algunas cosas acertó, pero muchas otras sólo quedaron en una idea que nunca fraguó.

Esta película basada en el libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de 1968, del autor Philip K. Dick, nos muestra un mundo gentrificado, contaminado, y en el que ya existen replicantes, androides totalmente idénticos a los humanos, que hacen tareas específicas en colonias espaciales. Aquí la gran incógnita es: ¿acaso pueden sentir y estar preocupados por su existencia limitada?

Llegamos a 2022 y todavía no tenemos autos voladores como en el largometraje, la moda cyberpunk nunca llegó, y los robots apenas van en una fase muy primigenia, pero lo que sí tenemos es una dependencia exacerbada a dispositivos electrónicos, redes sociales y una inflación que nos va a terminar dejando en la pobreza extrema para el siguiente año a nivel global.

Además, de que cada vez hay más Inteligencia Artificial que es capaz de crear música e imágenes con sólo verter comandos de texto, y esto causa asombro, pero a la vez miedo, incertidumbre, ¿esperanza? Una vez más, un cruce con el futuro.

Vaya paradoja, K. Dick primero escribió en su novela que todo transcurriría en 1992, después la reeditó y subió un poco la vara, se fue hasta el 2021, una vez más, la distopía sigue sin llegar, no al menos al estilo de esta ciencia ficción.

¿Me encuentro decepcionado? La verdad un poco, seguimos atravesando una pandemia, y parece que preferimos ignorarla; además hay otra parte de este presente que seguimos ignorando, ¿qué pasará en los siguientes años con nuestros biométricos?

Porque eso sí es una dependencia recurrente de autentificación dentro de Blade Runner, por ejemplo, Rick Deckard (Harrison Ford) utiliza el test del polígrafo Voight-Kampff, para desenmascarar a los replicantes, y este, monitorea directamente el iris.

Esta cinta imperdible de la ciencia ficción no ha envejecido en absoluto, solo nos sigue cuestionando una y otra vez, qué somos como seres humanos. ¿Acaso nos creemos superiores por crear tecnología que nos debería pertenecer? ¿Siempre estaremos aspirando a una mejor vida? ¿Nuestros recuerdos se perderán en el tiempo o podrán vivir eternamente implantados en una máquina?

Lo que me queda claro es que, definitivamente, el mundo no es el mismo que hace 40 años, y no será igual dentro de otros 40, hay una degradación del planeta, y nada estamos haciendo para detener el daño, y esto es algo que tanto Scott como K. Dick supieron plantear, no sólo nos destruimos a nosotros, estamos acabando con nuestro entorno…En fin, “lo que ha de ser”.

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