Esta semana se celebraron setenta y siete años desde que se realizó la nacionalización petrolera en México.

Con una multitud de 100 mil simpatizantes afuera del Palacio Nacional, el general Lázaro Cárdenas del Río anunció la nacionalización de la Compañía Mexicana de Petróleo “El Águila” (inglesa y holandesa), La Huasteca, La Sinclair y todas las empresas petroleras de extranjeros en 1938.

A la par se creó un ente monopólico cuyas ganancias representan hoy en día el 34 por ciento del presupuesto federal, Petróleos Mexicanos (Pemex).

Más de 70 años después, la administración de Peña Nieto ha presumido como uno de sus mayores logros la aprobación de la Reforma Energética, cuyo objetivo es abrir las puertas a la inversión extranjera para la exploración y producción dentro del suelo mexicano.

La reforma que debió de cambiar el panorama macroeconómico mexicano se encontró con una pared que pocos gurús de la industria pudieron predecir: la caída más drástica en los precios del petróleo en memoria cercana.

El precio del petróleo, que ahora ronda los 50 dólares a diferencia de junio del año pasado cuando rondaba los $115, ha reformado todos las opiniones sobre cómo se mueven los commodities en el mundo.

Pero, el dato más preocupante no se contabiliza en dólares, sino en inversión de capital. Para muchos inversionistas, el petróleo ahora vale más dentro de la tierra que en la superficie.

Una forma general de contabilizar este fenómeno, es el número de perforadoras, o rigs, que están activas en un determinado momento.

Para el mercado de Estados Unidos, actualmente sólo se encuentran 866 rigs activos, una caída del 46.2 por ciento desde octubre del año pasado cuando alcanzaron los 1,609.

Menos rigs significan menos producción futura, lo que implacará un aumento futuro en el precio del petróleo.

La propuesta para inversionistas en México no se estima tan negativa.

Cuando en los campos mexicanos el costo de producir un barril de petróleo sigue rondando los 20 dólares por barril, el precio actual de 50 dólares sigue siendo muy atractivo.

Este año se subastarán al mejor postor las 14 primeras áreas para la exploración y producción del país.

La imagen internacional que Peña Nieto intenta vender de México en el extranjero pende del éxito de la reforma energética. Para fines prácticos, es última oportunidad para el presidente para que la historia no lo recuerde como una administración fracasada por la corrupción, la inseguridad y la falsa esperanza.