Esta semana se celebró la Cumbre sobre el Clima 2014 auspiciada por las Naciones Unidas en Nueva York, donde una galería de ambientalistas, políticos, financieros y farándula se dio cita abogando por la realidad del cambio climático. 

Ante los estudios climáticos sobre los cambios en temperaturas y presión atmosférica, se lanza la llamada de urgencia para actuar ahora y evitar diferentes versiones del fin del mundo. 

En la Cumbre se presentó un acuerdo por países que representan a 400 millones de personas, comprometiéndose a reducir en 16.4 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero cada año. El sector financiero comprometió 200 mil millones de dólares para combatir el cambio climático. 

Y mientras que los argumentos económicos sobre los beneficios de atacar el cambio climático abogan por la acción inmediata, suena iluso pensar que vaya a haber cambios en las políticas energéticas de cualquier país que produzca o consuma energía a grandes rasgos. 

Existen dos simples razones para el pesimismo sobre el cumplimiento de estas acciones. En principio, la suposición del costo de no recortar emisiones hoy en día son siempre basados en supuestos de crisis dramáticas a futuros; sin la seguridad de cómo, dónde y de qué forma serían las crisis. 

¿Por qué apostaría mi futuro económico hoy, por reducir la potencia de una tormenta al otro lado del mundo en veinte años? 

La otra razón es la falta de incentivos reales para invertir en alternativas de energía, tecnologías más eficientes, o de aminorar el desarrollo económico del país al limitar su habilidad de quema de hidrocarburos.

Por más que se sigue hablando de energía solar y eólica como una fuente viable de energía renovable, aún no es una industria que puede ser rentable por sí sola, ni una inversión con similares niveles de rentabilidad que los hidrocarburos. 

Particularmente para México, la promulgación de la reforma energética tiene como objetivo impulsar la producción de hidrocarburos y elevar el desarrollo económico del país. 

¿El mexicano aceptaría pagar cinco pesos más por litro de gasolina para subyugar el efecto negativo causado por la supuesta caída en producción petrolera?

Como referencia, en el 2000 la ONU planteó las Metas del Milenio: ocho metas mundiales para combatir temas como la pobreza, desnutrición, educación, salud, etc. 

Aunque fue firmado por las 189 naciones existentes, pocas lo metieron en su agenda, y sólo la meta de recortar la población en pobreza extrema se ha cumplido. 

Esto, sólo porque China, quien activamente se opuso a la firma, tuvo su auge económico que movió a su población más pobre (impulsado mayoritariamente por el consumo de hidrocarburos). 

El ejemplo de China muestra la distorsión entre las ilusiones de los políticos en organizaciones multinacionales, y un cambio sustentado en desarrollo real. 

Con la urgencia climática es imperativo el desarrollo de fuentes alternas de inversión para ciencia y tecnología energética, tanto para la producción de energía como para la limpieza de los residuos actuales. 

Ante todo, debemos evitar la doble moral que surge del discurso climático. El mundo no corre con flores y sonrisas, y el juicio a quienes ponen el desarrollo energético de su país por encima del medio ambiente es hipócrita y trillado.