Decía Aristóteles que el ser humano es el animal más racional, político y mimético.

Madame Bovary es la obra cumbre de Gustave Flaubert. Una joya de la literatura universal, que si no has leído te recomiendo ampliamente que lo hagas. Emma Bovary termina sus días cometiendo suicidio… ¡No, no la eché a perder, pues en cualquier sinopsis leerás lo mismo!

Pero ¿por qué lo hace? Muy sencillo, por imitar a las grandes damas de París, ya que la trama de esta magnífica novela se recrea en un poblado cercano a Ruán, provincia francesa que años más tarde, hacia finales del decimonono, se hiciera famosísima gracias a que Claude Monet, uno de los grandes baluartes del impresionismo plástico, pintó más de treinta veces la hermosa catedral gótica del entonces pequeño pueblo galo.

Para alcanzar los sueños de sus lecturas, Emma se endeuda de una manera tal que ya no puede pagar y decide quitarse la vida. Esto nos enseña que el consumismo no es propio de nuestra generación, sino que existe desde los albores de la civilización hace más de 13 mil años.

Está Pepito en la escuela y la maestra les pregunta a los alumnos que qué quieren ser de grandes. Laura contesta que enfermera, igual que su abuelita; Miguel dice que carpintero, como su tío… y así toca el turno a nuestro personaje.

“Pepito, ¿qué quieres ser de grande?”, inquiere la profesora. Pepito sin vacilar dice: “Pendejo, maestra”.

La docente queda perpleja y decide no continuar. Por supuesto que mandó llamar a la madre de Pepito. Al día siguiente llega la señora y se entera de la dinámica del día anterior. La maestra, preocupada, le pregunta: “¿Qué sucede en su casa, señora?” Intuyo que es algo malo que requerirá apoyo psicológico para el niño.

La mamá se echa a reír y le dice: “No, no, no… No es para preocuparse. Lo que sucede es que Pepito oye con mucha frecuencia decir a su papá: ¿ya viste el auto que trae el pendejo ese?, ¿y la casota del pendejo aquel?”

Creo que tenía razón el estagirita: nos encanta mimetizarnos, es decir, competir con la humanidad entera a ver quién tiene más y quién es más que los demás. Déjame decirte que esta carrera posee dos grandes características: Uno, no tiene fin; y dos, siempre se pierde.

Termino diciéndote que yo tengo un solo competidor, y es el espejo, pues si quisiera rivalizar con los demás, seguro acabaría deprimidísimo porque permanentemente hay quien sea más guapo, simpático e inteligente y además de que su cartera apabullaría a la mía con facilidad.

Y tú, ¿qué quieres ser de grande?

Recuerda que “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.