Verdaderamente no logro entender cómo es posible que la gente mal gaste su dinero en estos productos llamados seguros. Sin lugar a duda están tirando su dinero a la calle. A las pruebas me remito.

Hay infinidad de razones que sustentan la tesis sostenida renglones arriba, pero con unas cuantas será suficiente para convencer a la gente de que ¡no compre seguros!

Como primer punto tenemos que en México la gente es inmortal, por lo que sería bastante estúpido dilapidar los recursos, que tanto trabajo nos cuesta generar, en la adquisición de un seguro de vida. Y ni qué decir de que tampoco existe la problemática de quedar inválido; vamos, ese tema ni se conoce en nuestro país.

Por otro lado, nos encontramos que, en estas benditas tierras, hace mucho que se erradicaron las enfermedades y los accidentes, y si acaso se presenta un brote de estas contingencias, el IMSS nos manda una ambulancia aérea y en cuestión de segundos nos instala en una suite por demás lujosa y nos atiende ipso facto ¿o no? Entonces ¿para qué comprar un seguro de gastos médicos mayores o de salud? ¡Qué tarugada

Además, la Divina Providencia nos cuida de que no padezcamos terremotos, ni huracanes ni delincuencia ni nada por el estilo. (El célebre escritor y filósofo británico Aldous Huxley seguro intitulo su obra más famosa pensando en los mexicanos).

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Espero que el sarcasmo de lo escrito te lleve a generar la conciencia suficiente de que por el simple hecho de estar en este mundo nos encontramos expuestos a innumerables riesgos. Vamos, vivir es un riesgo… y muy grande. Retomo lo que ya platiqué hace algún tiempo:

El mismo 19 de septiembre de 2017 recibí llamadas y mensajes de gente conocida que me pedía consejo para contratar un seguro de vivienda ante los múltiples derrumbes que el sismo ocasionó en la zona centro de la nación, sumado a los destrozos en Oaxaca apenas diez días antes. Terrible lo material, pero inconmensurable el tema de la pérdida de vidas humanas.

Hice las sugerencias pertinentes y tiempo después fui encontrando personas de las que me consultaron. Pregunta obligada: – Finalmente perenganito ¿qué seguro compraste? – La contundente mayoría respondió – ¿seguro? ¿cuál seguro?

Y… ¿las buenas intenciones de asegurarse? Requiescat in pace.

Espero que esta admonición sirva para “comprar” un poco de sentido de previsión.

No olvidemos que la sabiduría popular nos enseña que no sirve de cosa alguna “después de niño ahogado tapar el pozo”.

Recuerda que “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.