¡Soy rico!, ¡soy rico!… ¡Muy rico!

¡Acabo de inventar una máquina que fabrica dinero de cualquier parte del mundo! Y por supuesto que no son billetes falsos: son idénticos a los originales, así que mi riqueza es ilimitada. Ahora, a vivir y a gozar de todos los placeres mundanos habidos y por haber

Me voy a dedicar a vender esta máquina para que más gente tenga tanta suerte como yo. Pero ¿para qué quiero venderla, si ya no necesito más dinero que el que fabrico? Cierto, mejor la voy a regalar. Empezaré por mi familia, seguiré con mis amistades más cercanas y ¿por qué no? la obsequiaré al mundo entero. ¡Adiós pobreza y estrechez económica!

Seguro mi nombre quedará en los anales de la historia con letras de oro y diamantes de varios kilates. Seré inmortal y recordado como la persona que volvió rico al mundo entero.

¡Ah, caray! Y si todos vamos a tener dinero de sobra, ¿quién se encargará de las labores del campo y de construir casas, carreteras y puentes? ¿Quién vigilará las calles? Y cuando haya un incendio, ¿quién lo apagará?

Ante la no necesidad de trabajar, las personas se podrán dedicar a sus pasiones, pero sabemos perfectamente que para una gran mayoría, dichas pasiones no son productivas sino todo lo contrario: arranarse a ver series, jugar videos y andar de metiche en redes sociales.

Entonces, si yo tendré que procurarme con autosuficiencia casa, vestido y sustento, ¿para qué carambas quiero ser rico?

Despertando de este sueño guajiro nos encontramos con la cruda realidad de que la riqueza debe de ganarse. Y me explico con detalle: riqueza no significa tener millones de millones. No, para nada. Lo que representa es gozar de las bondades de la vida que nos permitan llevar un pan a nuestra mesa, bañarnos con agua caliente, tener un techo para guarecernos y una infinidad de cosas más que por lo regular pasamos por alto. Todo esto en conjunto es la riqueza de a de veras.

La gente que aspira a lo económico pierde de vista que hay todo un entramado invisible que maneja los hilos de la productividad. No se nos olvide que “el dinero no se da en macetas” ni en fábricas clandestinas. Hay que generarlo, hay que trabajarlo para que así se pueda disfrutar. ¿Queremos más? Sin duda, pero es imprescindible que lo valoremos en su justa medida.

¡Tan emocionado que estaba con mi invento! Creo que mejor destruiré la máquina y me pondré a trabajar con denuedo y pasión para así equilibrar la vida financiera.

Recuerda: “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.