Recuerdo perfectamente bien que cuando tenía unos ocho años, a mediados de los años 70, pasaban anuncios en la televisión de refrescos “familiares” y se mostraban cuatro vasos al servir la burbujeante bebida. Sí, eran ¡cuatro vasos!

¿Qué tiene de particular lo que estoy escribiendo? Simple, ese envase familiar tenía una capacidad de 769 mililitros, ni más ni menos… ¿Qué pasa hoy? Que se vende como individual un refresco de 600 mililitros cuando hace 50 años tomábamos por piocha menos de 200 ml a la hora de la comida.

Las refresqueras se dieron cuenta de que, si ofrecían mayor cantidad de bebida, la gente la iba a comprar, que no necesariamente a consumir. Y así de menos de 800 ml, pasaron a 1 litro, y luego a litro y medio y hoy tenemos hasta tres litros de refresco para la misma familia de cuatro integrantes. No me sorprendería que dentro de poco se vendan garrafones de 20 litros de estos “refrescantes” líquidos.

¿Te ha pasado que a estos grandes envases “se les vaya el gas”? A mí sí. Luego entonces, ¿qué hacemos? Lo acabamos tirando a la coladera. ¡Increíble pero cierto!

A todo esto, siempre me he preguntado si el cambio climático tiene que ver con que consumamos mucho más refresco que hace medio siglo. Creo que la respuesta es más que obvia.

¿Cómo olvidar el 19 de septiembre de 1985? Millones de temas que platicar con este evento tan trágico.

Hoy toca el turno a algo muy simple. Antes de esa fecha, la inmensa mayoría de personas tomábamos agua del grifo. Aunque nuestra madre nos decía que la bebiéramos hervida, pocos hacían caso. No recuerdo una pandemia de lombrices ni nada que se le parezca. Existía el agua embotellada, pero era poco demandada por la sociedad.

A raíz del terremoto y con tantas instalaciones hidráulicas destruidas era evidente que debías comprar botellas de agua. Sin embargo, pasados algunos meses y con la red de agua potable restablecida, ¿qué hicimos? Seguimos comprando agua embotellada que además abona perfectamente a un gran daño ecológico.

Agua, refresco y lo que se te ocurra están relacionados con los estudios multimillonarios que hacen las grandes corporaciones para darse cuenta de los “huecos” en la mente humana y así disparar mensajes que hagan que el consumo se incremente, aunque no en la misma proporción que la satisfacción generada… Le llaman publicidad subliminal.

Trata de “tapar” algunos de los huecos que tienes en la cabeza para que no se hagan agujeros en tu bolsillo.

Recuerda que “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.