Así como se ha demostrado que el sonido crujiente de una papa frita tiene el poder de hacer que evaluemos el alimento como fresco, también existe evidencia de que la música que escuchamos mientras tomamos vino puede influir en la percepción de su sabor. 

Se ha encontrado que la música calificada como “potente” o “pesada” realza el sabor de un vino tinto Montes Alpha Cabernet Sauvignon, mientras que el vino blanco Montes Alpha Chardonnay se percibe como estimulante si las personas lo acompañan con sonidos frescos y alegres. 

Por ejemplo, el sabor del vino se percibe como “refinado” o “delicado” si se bebe al ritmo del “Vals de las flores”, del ballet clásico de Moscú “El cascanueces”, de Tchaikovsky. En breve, el sabor del vino “goza” de las mismas cualidades de la melodía que se esté escuchando en un momento determinado. 

Esto es lo que han demostrado previas investigaciones del psicólogo Adrian North, hoy docente en la Facultad de Ciencias de la Salud, en la Universidad Curtin, en Australia, luego de entrevistar a más de 200 estudiantes universitarios, que degustaron una copa de vino mientras escuchaban música de fondo distinta. 

“Al menos en un nivel subconsciente, no se puede negar que ciertas experiencias auditivas, ya sea musical o no, afectan nuestras experiencias olfativas y gustativas”, dijo a The Wall Street Journal Iain Foreman, etnomusicólogo en la Universidad de Aveiro, en Portugal.