El confinamiento que se vive en gran parte del mundo es una experiencia de vida que está repercutiendo en todas las áreas de la sociedad, que sigue transformando la realidad, y que está lejos de terminar. La escritora uruguaya Fernanda Trías espera que esta situación deje un aprendizaje, que las personas entiendan que es momento de dejar la individualidad de lado, que se piensen como un solo organismo que saldrá avante, pero para ello, opina, habrá que vencer también a otras grandes piedras en el camino: la falta de oportunidades sociales y económicas para todos.

“Por supuesto, los que tienen privilegios están más protegidos, pero la crisis económica, la imposibilidad de viajar y de circular libremente está afectando a todos. La desigualdad es la verdadera pandemia. Me inspira saber que de todo esto nacerá algo”, comenta la autora.

El potencial de que esta pandemia se vuelque en las letras es enorme para Trías, ya que también este constante sentido de búsqueda, de nomadismo y de romper lo estático, es parte de la propia naturaleza humana.


Es imposible que no ocurra, porque es el ciclo natural de las cosas: la impermanencia, el cambio constante. Soy una observadora que tiene la suerte de poder hacer algo con todo ese material, por más feo, doloroso o terrible que sea, tiene el potencial de convertirse en literatura. Este es un buen momento para hacer silencio, para observar y escucha

Fernanda Trías

Escritora

Actualmente, Fernanda Trías promociona La azotea, novela que cumple 20 años de haberse publicado y que recientemente reedita Dharma Books. Esta nueva edición tiene unos retoques con motivo de su aniversario.

Fernanda Trías abriéndose camino

Fernanda Trías rememora que a pesar de que La azotea se publicó en 2001 en Uruguay, su primera novela la había escrito entre 1998 y 1999, cuando apenas tenía 25 años. Reconoce que el mundo era otro y, en ese momento, en América Latina faltaban espacios para las mujeres.

“Entonces, las escritoras prácticamente no teníamos ninguna visibilidad, ni en Uruguay ni en el resto de América Latina. Y tuvo que pasar aún una década, como mínimo, una década de abrirnos espacio a golpe de machete en un círculo tradicionalmente masculino”, recuerda.

Ahora, en Latinoamérica se vive una lucha feminista, que recién acaba de conseguir la legalización del aborto en Argentina, por lo que Fernanda Trías ve esto como esperanzador y emocionante, porque al fin los movimientos de mujeres están trayendo un cambio propositivo.

“Eso no es poco. Creo que el cambio es imparable, pero también es utópico pensar que va a ocurrir ya, rápido. Estas luchas sufren reveses, retrocesos, y aún falta mucho. Mientras se siga asesinando mujeres a diario por el simple hecho de ser mujeres, y mientras se siga comerciando con nuestros cuerpos (el 72 por ciento de las víctimas de trata de personas en el mundo entero son niñas y mujeres), no podemos quedarnos calladas”, agrega.


Sin duda ahora los lectores pueden conectar más con la claustrofobia del encierro, con el ahogo, pero más interesante me resulta el tema del miedo al mundo exterior, el miedo al otro como una amenaza constante, ya que ahora cualquiera puede ser ‘portador del virus

Fernanda Trías

Escritora

Personajes al límite

Tanto La azotea, como Mugre rosa, su más reciente publicación, se han estereotipado por la creencia de que tratan acerca del encierro y la pandemia, respectivamente; sin embargo, Fernanda Trías defiende que sus dos libros, a 20 años de distancia el uno del otro, son para visibilizar los contrastes de sus narradores.

“Las dos son historias de personajes al límite, mujeres que cargan con el peso enorme de ser humanos. La azotea es la historia del primer amor imposible: el padre, sobre el miedo y la locura. Mugre rosa es una novela sobre el hambre, sobre los cuerpos enfermos, sobre la pérdida y la nostalgia”, subraya.

Acerca del “presente distópico”, la autora considera que esto se veía venir desde hace tiempo, aunque ella no se considera una vidente, analiza junto a otros escritores los pulsos que los han rodeado; por ello opina que lo que está pasando es producto de una bomba de tiempo que está estallando.

“A mí me interesaba hacía tiempo pensar esta era del Antropoceno en la que la actividad humana es un agente geológico que está transformando el planeta para siempre. Tal vez sea el destino trágico del ser humano extinguirse, tanta inteligencia en vano, porque no la hemos sabido usar para evitar nuestra propia extinción. La pandemia es una consecuencia de todo esto”, afirma la escritora.

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