"Cuando Gabo supo que me había sacado el Cervantes, él llegó a la casa, en su coche, con su chofer y con un ramo muy grande de rosas amarillas"

Elena Poniatowska

escritora mexicana

La primera edición, censurada por el gobierno mexicano, y otra de lujo de su libro “La noche de Tlatelolco” (1971), un manuscrito de los años 50 y una pulsera que su padre llevó durante la Segunda Guerra Mundial son el nuevo tesoro que desde ayer resguarda la Caja de las Letras del Instituto Cervantes.

A días de haber perdido a “un amigo extraordinario”, la mexicana Elena Poniatowska recibió el Premio de Literatura Miguel de Cervantes, el más reconocido de las letras en español.

Desde la Universidad de Alcalá de Henares, y entre siete de sus nietos, la periodista se dijo orgullosa de ser la primera mexicana y la cuarta mujer en el mundo de habla hispana en recibir el galardón.

Además de recordar al Nobel colombiano Gabriel García Márquez, en su discurso la autora de 82 años habló por los latinoamericanos y por las mujeres “que no tienen voz”.

Vistiendo un folclórico traje rojo “¡con un amarillo chillón, chillón, chillón!”, como advirtió un día antes de la ceremonia, se comparó con el fiel compañero de Don Quijote de la Mancha.

“Soy una Sancho Panza femenina. (…) Una escritora que no puede hablar de molinos porque ya no los hay y en cambio lo hace de los andariegos comunes y corrientes que cargan su bolsa del mandado, su pico o su pala, duermen a la buena ventura y confían en una cronista impulsiva que retiene lo que le cuentan”, expresó.

El jurado aplaudió su trayectoria literaria; “periodismo, creación, biografías noveladas, novelas biográficas (…)”.

“Su obra destaca por su firme compromiso con la historia contemporánea. Autora de obras emblemáticas que describen el siglo 20 desde una proyección internacional e integradora. Elena Poniatowska constituye una de las voces más poderosas de la literatura en español de estos días”, reconoció.

“Yo me sospecho que en el libro y en el manuscrito hay muchas voces encerradas, de manera que infinitas gracias, Elena, por este gesto magnífico de depositar una palabra que no es palabra muerta, que es palabra viva, y que va a seguir creciendo y extendiéndose y multiplicándose y dando voz a tantos, sobretodo a tantas, que no han tenido o no tienen voz”, le dijo el director del instituto Víctor García de la Concha en la Casa de las Letras.

Aunque Elena no estuvo en el funeral de García Márquez, ni él en su premiación, Poniatowska se queda con una felicitación que le durará para siempre.

“Cuando Gabo supo que me había sacado el Cervantes, él llegó a la casa, en su coche, con su chofer y con un ramo muy grande de rosas amarillas.

Él todo tenía que ser amarillo. Es un recuerdo que voy a atesorar hasta que yo misma me vaya. O como decimos en México, hasta que yo alce los tennis”, compartió desde España la “princesa roja”.