No existe ningún derecho de publicar, pedir o recibir información sobre la vida privada de ninguna persona, sea celebridad o no. La ley no avala transgredir la integridad de nadie


Con las redes sociales se vive una sobrexposición de la vida privada no sólo de las figuras públicas, sino de cualquier otra persona


Cualquiera tiene derecho a la intimidad (personal y familiar), es un derecho fundamental, protegido por la Constitución y, por tanto, de todos; aparte está consagrado en la Declaración Universal de la ONU (artículo 12)” 

El Rubius

Youtuber

A raíz del caso del famoso youtuber El Rubius, quien se enfrentó a los paparazzis luego de sus vacaciones como y donde él sabe hacerlo mejor, a través de las redes sociales, se ha desatado una controversia que no es nada nueva y de la que sufren todos los que alcanzan fama y gloria: ¿en dónde empieza su privacidad?

 

El youtuber asegura que “cualquiera tiene derecho a la intimidad (personal y familiar), es un derecho fundamental, protegido por la Constitución y, por tanto, de todos; aparte está consagrado en la 

Declaración Universal de la ONU (artículo 12)”.

 

Pero como El Rubius existen muchas celebridades acosadas y no sólo por los paparazzis, uno de los últimos y más sonados fue Alejandro Fernández, también el actor Orlando Bloom, Jennifer Lawrence, Justin Bieber, Kate Moss, entre muchos otros. 

 

“Privacidad” viene de “privar”. Y, por tanto, es “privado” lo que uno quiere privar del conocimiento ajeno. Todos tenemos una vida privada y una vida pública, por muy anónimos o famosos que seamos. Hasta la persona más anónima tiene una esfera pública de actuación y hasta el personaje más famoso tiene una esfera privada, aunque, lógicamente, sea más limitada que la de alguien anónimo, destaca el diario El País.

 

El papel de las redes sociales

 

El boom de internet y el desarrollo de las redes sociales expuso cada vez más a los famosos. 

 

Surgieron las instamodelos, una nueva generación de maniquíes que basa parte de su éxito en las 

redes sociales. Lo mismo ocurre con cantantes como Selena Gomez, quien es considerada “la reina de Instagram”, es seguida por más de 95 millones de personas. Su ex, el cantante Justin Bieber, es uno de los hombres con más seguidores en la misma red. Incluso hace unas semanas puso su cuenta en “privado” por las constantes críticas hacia su nueva “novia”.

 

Esas mismas redes que los catapultaron a la fama se han convertido en un infierno para ellos. Pero no hay que dejar de lado que el “factor viral” también se ha vuelto muy importante y popular.

 

Arma de dos filos

 

Cualquier cosa se puede viralizar en las redes sociales e Internet, ya sea una foto, un audio o un video, no importa como sea, pero si tiene contenido de índole sexual es seguro que volará y encenderá toda la web como polvorín. Para muestra está la mediática Kim Kardashian, o el caso de 

Orlando Bloom desnudo junto a Katy Perry, Jennifer Lawrence y muchísimos más.

 

Sin embargo, no todos los que toman estas fotos son paparazzis, muchos especulan que son los propios artistas quienes en un afán de conseguir más seguidores o que sus nombres ocupen los titulares son ellos los que dan a conocer sus intimidades. 

 

Por otra parte están los hackers, quienes roban información personal de los equipos de las celebridades y la hacen circular por todo el mundo.  

 

Cualquiera que sea la verdad, si hay una realidad ¿hasta dónde es pública la vida de una figura pública? y ¿dónde empieza su vida a ser considerada privada?

 

Porque hay muchos casos como el de la británica Adele o la mexicana Julieta Venegas, que intentan mantener a raya a la prensa y lejos de su familia, aunque no siempre lo han logrado. Y terminaron por quedar a la vista de todos.

 

‘A corazón abierto’

 

En 1982 no existía el Internet, ni plataformas como YouTube, ni medios digitales, ni móviles con cámara, ni tantas televisiones. Apenas sí había un atisbo de la llamada “prensa del corazón”, que fue lo que desató el furor por la vida personal de las figuras públicas o celebridades. Luego todo esto se trasladó a la esfera privada y fue un boom. 

 

Y, a lo largo y ancho del globo había personas ávidas de conocer los más íntimos detalles de sus personas favoritas.

 

Surgieron los paparazzis, que hacían mil peripecias para conseguir una foto “exclusiva”. La vida de las figuras públicas quedó expuesta “a corazón abierto”. Se perdió el respeto a la intimidad hasta dentro de sus hogares. Y no hubo nada que pudiera impedirlo.

 

Y hoy en día casi ninguno se salva. De hecho hace unas pocas horas se viralizaron nuevamente fotos de la protagonista de “Los juegos del hambre”, Jennifer Lawrence, quien ha sido víctima constante de hackeos a sus equipos y quien incluso ha comentado en galas que “ya ni me molesto aunque me muera de pena. Ya todos me conocen”.

 

ONU: Artículo 12

 

Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. 

 

Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

 

No hay derecho

 

En rigor, la única “prensa del corazón” es la revista (y la web) de la Sociedad Española de Cardiología; porque sobre la vida privada no hay un “derecho a comunicar y recibir información”.