Los videojuegos han generado controversia desde que fueron creados. Por un lado, están quienes consideran que son una actividad sumamente dañina y sedentaria para niños y jóvenes, por otro es una de las alternativas para la hiperactividad en niños.

A su vez, para expertos, jugar con consolas de video durante 30 minutos al día puede aumentar la materia gris en distintas partes del cerebro como el hipocampo, la corteza prefrontal derecha y el cerebelo, lo que ayuda a la realización de actividades, así como a mejorar la memoria y la motricidad.

Sin embargo, el debate podría llegar a su fin y los ganadores serán los que sostienen el argumento de que los videojuegos son perjudiciales para la salud, ya que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconocerá por primera vez el trastorno por los videojuegos como una enfermedad mental. Para ello se agregará este trastorno a la Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD-11), la cual no sufría modificaciones o actualizaciones desde el año 1990.

Según la revista científica  New Scientist, el trastorno por los videojuegos –que aún no ha sido definido con un título por la OMS– se caracteriza por el comportamiento de juego excesivo, frecuente y excesivo.

El problema podría diagnosticarse cuando hay síntomas a lo largo de 12 meses.

No todos los gamers sufren de este trastorno, solamente aquellos que juegan en exceso y desencadenan consecuencias nocivas para la salud. Por ello y sobre todo con los jugadores más pequeños, lo más importante es tener el control.

¿Beneficio o perjuicio?

De acuerdo a un estudio elaborado por la Universidad de Oxford –realizado con 5 mil niños y jóvenes– quienes juegan menos de una hora al día son más sociales y tienden a ser menos ansiosos. También presentan menos problemas emocionales. Así que la clave no está en dejar de jugar, sino en hacerlo con medida, como con cualquier actividad que se pueda volver adictiva.

Síntomas del trastorno

Algunas situaciones que pueden denotar que la persona sufre de este trastorno son:

– El gamer no controla el tiempo que pasa frente a la consola y tampoco la frecuencia y la intensidad con la que juega.

– Las personas pasan gran parte de su día jugando, sin importar las consecuencias negativas que esto conlleva.