Reporte Indigo

Covid-19

En el frente de batalla contra el coronavirus

Trabajadoras de la salud, estar en la primera línea de batalla en contra del coronavirus

Trabajadoras de la salud, estar en la primera línea de batalla en contra del coronavirus

Para las madres que además son trabajadoras de la salud, estar en la primera línea de batalla en contra del coronavirus les ha generado cansancio y agotamiento tanto físico como emocional, pero la mayoría de las veces esta situación es invisible.

“No queda más que ponerse la camiseta, darse cuenta que realmente es para lo que uno estudió y entrarle”, dice Argelia Solano García, enfermera general en el Hospital General de la Raza del IMSS.

Enriqueta Macías Miranda es anestesióloga también en el Centro Médico La Raza, hospital que es híbrido y atiende a pacientes con coronavirus.


El estar escuchando constantemente cuántas personas se han contagiado en el hospital o las que fallecieron genera mucha ansiedad, pánico e insomnio

“Nos pidieron que fuéramos a apoyar las áreas COVID, porque nosotros sabemos entubar, nosotros sabemos sedar a los pacientes, manejar los ventiladores y les ayudamos porque somos los expertos”, menciona.

Este cambio en su trabajo también ha alterado su rutina familiar y mientras está con sus hijas, de 14 y 10 años, siempre usa cubrebocas.

Su hija, la más pequeña, es quien más lo ha resentido, pues no la puede abrazar y ellas mantenían una relación muy cercana.


Yo lo resumiría en estrés, angustia y preocupación por contagiar a tu familia, la mayoría de mis compañeras llevan tres meses sin ver a sus hijos porque son médicos y han decidido llevárselos a los abuelos y no los han visto y están angustiadas

Enriqueta Macías Miranda

Anestesióloga en el Centro Médico La Raza

“Ya no saben si hicieron bien en dejarlos, porque los niños ya quieren verlas, pero ellas se sienten culpables, tal vez la palabra sería esa: culpabilidad si tú contagias a tu familia”, dice.

Hacer una nueva rutina

Ana Araceli Arellano Torres es residente de tercer año de la especialidad de psiquiatría en el Centro Médico y durante dos semanas no vio a su hija de 6 años para protegerla del coronavirus.

A ella la llamaron con sus compañeros como apoyo externo en las unidades COVID y hasta el momento, cinco ya se han contagiado.

Al principio de la pandemia adoptó algunas medidas como el uso del cubrebocas en todo momento, incluso en su casa, y se aisló en una habitación.

“Yo creo que hemos buscado la forma de adaptarnos, tuvimos una semana complicada porque yo tuve contacto directo con alguien positivo y tuve que hacer el protocolo de diagnóstico, me hicieron la prueba, el examen diagnóstico y tuve que llevar a cabo el aislamiento voluntario y esa semana fue complicada”, relata.

Wendy García es una anestesióloga que trabaja en el IMSS en el estado de Quintana Roo y para ella también ha sido difícil el cambio, sobre todo en un inicio. Además fue estresante porque aún no había la preparación suficiente, lo que le causaba mucho estrés.


Ana Araceli Arellano Torres, residente de tercer año de la especialidad de psiquiatría en el Centro Médico, durante dos semanas no vio a su hija de 6 años para protegerla del coronavirus

“No teníamos una rutina ni sabíamos lo que teníamos que hacer, ahorita ya hay unos protocolos que se siguen. Ya es todo más conocido, al inicio no sabíamos ni cómo quitarnos la ropa para protección y eso sí generaba mucho estrés”.

Además dice que el estar escuchando constantemente cuántas personas se han contagiado en el hospital o las que fallecieron genera mucha ansiedad, pánico e insomnio.

Sobrevivir al coronavirus COVID-19

La doctora Yesenia Ramírez Ríos vio cumplidos sus peores temores a principios de abril cuando le confirmaron su sospecha: tenía COVID-19.

Ella es urgencióloga en el Hospital Regional 1 de octubre del ISSSTE y también en el Hospital General de Zona 48 del IMSS.

Aunque no sabe en cuál de los dos lugares se infectó, cree que fue en la clínica del IMSS a finales de marzo, cuando en uno de sus turnos tuvo que atender a 8 pacientes con neumonía atípica y en el hospital no había material.


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En una guardia tuve que atender 8 neumonías, pedí cubrebocas azules y no había, querían que la bata que estaba afuera para 24 horas yo la volviera a usar y esa bata la habían usado lo médicos de los otros turnos

Yesenia Ramírez Ríos

Urgencióloga en el Hospital Regional 1 de octubre del ISSSTE y en el Hospital General de Zona 48 del IMSS

Menciona que tampoco había protocolos y aunque los pacientes fueran sospechosos de tener coronavirus, si no habían viajado al extranjero, les pedían que se le llamara neumonía atípica, aunque podría tratarse de influenza o del virus del SARS-CoV-2.

“Esos pacientes no podían protocolizarlos como tal con un aislamiento adecuado o el equipo de protección”, dice.

Entre las medidas que ella y su esposo realizaron desde antes de que se contagiara, estuvo adaptar un vestidor en el patio, donde se desvestían. Además se bañaban tanto al salir del hospital como al llegar a su casa y sanitizaban todo con cloro.

“Fue terriblemente angustiante para mí y para mis esposo. Lo veía con cara de miedo porque aparte no sabía yo cómo me iba a ir, si se me complicaba o no. Era el miedo de tener la enfermedad y la angustia de haber contagiado a mi familia, pensando en si ya tenían síntomas”, dice.

Ella menciona que en esos días sus padres estaban de visita y se tuvo prácticamente que aislar para evitar contagiarlos. Luego, ellos se fueron a Guerrero y se llevaron a su hija de 6 años para evitar cualquier riesgo y no la vio en dos meses.

“Fue una angustia tremenda, no dormía para nada, tenía muchos terrores nocturnos, como 14 días no dormí nada”, recuerda.

Después de que pasó el proceso infeccioso del coronavirus desarrollo pericarditis, que es una complicación que se ha observado también en algunos pacientes con COVID-19, así como miopatía, neuropatía y tenía fatiga, por lo que tuvo que ser incapacitada nuevamente.


En los hospitales no había protocolos, y aunque los pacientes fueran sospechosos de tener coronavirus, si no habían viajado al extranjero, pedían que se le llamara neumonía atípica

Actualmente ya está reincorporada en los dos hospitales, pero aún así a veces se siente cansada y no con la misma energía que antes. Aunque no pierde la esperanza de mejorarse totalmente, tiene miedo de no recuperar la misma funcionalidad que tenía, cuenta.

“He pasado por enojo, frustración, sobre todo mucha tristeza porque no me permite ser como yo soy al cien por ciento”.

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