El declive de la música mexicana no solo es un tema de fomento a la cultura, sino también de los derechos laborales, y en ese asunto algunos músicos se sienten desprotegidos


"Don René (Rivial) veía que el mariachi perdía valor cultural hacia el exterior, se volvía un elemento para las fiestas, sin embargo no se apreciaba el valor que tienen los músicos mariacheros”

Fernando Beckmann

Titular CANACO

A diario los músicos tapatíos que viven de las serenatas pasan desvelos, pero no por trabajo pues en los últimos años mariachis y tríos han sorteado incluso noches completas sin una sola contratación. 

Los esfuerzos de la Cámara de Comercio (CANACO) por hacer de Guadalajara la capital internacional del mariachi, son en estos 13 días un éxito en medios de comunicación y el ámbito internacional. 

Uno de los motivos que generó el surgimiento del evento hace 19 años fue la preocupación de que el mariachi no se quedara solo en las calles. 

Y paradójicamente ahora los músicos callejeros son los que están en crisis, y su actividad repunta un poco durante el encuentro. 

Pero no existe un interés particular de parte de autoridades por reactivar esta actividad económica-laboral que históricamente es emblema de esta ciudad.

Cada vez es más difícil conseguir una o dos serenatas al día para los mariachis que buscan a alguno de los pocos románticos que contratan sus servicios en lugares cómo la Plaza de los Mariachis o en las cercanías de Plaza Millenium. 

Y es que a pesar de un evento de la envergadura del 19no Encuentro Internacional del Mariachi y la Charrería, la actividad mariachera en la ciudad va a la baja. 

Algunos músicos refieren que hace diez años sus contrataciones eran de entre ocho y diez diarias. 

Ahora apenas y llegan a tres, pero hay noches en las que incluso no consiguen ni una sola. 

Lo anterior contrasta con la actividad económica del Encuentro Internacional del Mariachi y la Charrería, enfocado a un sector más exclusivo,  donde se invierten 40 millones de pesos para impulsar la imagen internacional de los artistas de este género. 

Para el presidente de la CANACO en Guadalajara Francisco Beckmann González queda claro que el encuentro es también un foro ideal para fomentar el turismo además de que asume como compromiso la promoción de la cultura del mariachi.

Sin embargo la situación de poco trabajo por la que pasan los músicos locales, tríos, mariachis y norteños está en una decadencia inédita que solo en estas semanas del año se matiza un poco por la efervescencia del evento internacional. 

En noviembre pasado el secretario de Cultura de Jalisco, Alejandro Cravioto, consiguió que se reconociera al mariachi como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, a pesar de ello, la tradicional serenata con mariachi es cada vez menos común.

Pero no sólo es un tema de fomento a la cultura, sino también de los derechos laborales, y en ese asunto algunos músicos se sienten desprotegidos.

Para Hugo Barragán, de familia mariachi y músico desde hace 15 años, “el Encuentro del Mariachi no está hecho para el charro”. 

“Hicieron que el mariachi sea Patrimonio de la Humanidad pero eso en nada nos beneficia. No hay sindicatos que nos apoyen. No se nos da ningún apoyo como trabajadores”.

Hugo Barragán quien también ofrece sus servicios como electricista y herrero, afirma que cada vez hay menos trabajo: “antes había mucho más trabajo, entre los 80 y 90. Pero a fines de los 90 y a inicios del 2000 ha bajado el trabajo”.

Otros músicos que trabajan en la Plaza de los Mariachis en la Calzada Independencia atribuyen la baja a las políticas de los últimos gobiernos.

“Ganábamos muy bien, nomás empezó el PAN en el gobierno hace 18 años, de ahí nos fuimos para abajo, fue gradualmente. En este sexenio nos ha ido muy mal, ha sido el peor de todos”, dice Carlos Villa representante del Mariachi Nacional de América.

En ese sitio emblemático para los mariachis tapatíos hay muy poco que represente esta cultura, “más bien parece un tianguis” dice molesto antes de insistir en que los únicos que ganan con el Encuentro Internacional del Mariachi y la Charrería son los organizadores.

Acorralados, los músicos que trabajan en la Plaza de los Mariachis intentan sortear las malas rachas de trabajo agrupándose en grupos más pequeños que les permitan cobrar menos por una serenata.

Carlos Villa afirma que “por la falta de trabajo se han creado grupos que se llaman ‘trimariachis’, que venden su trabajo más barato: “para la gente es más fácil pagar tres que pagar un mariachi completo”.

Para algunos,  gobiernos y particulares han permitido con presiones y cuotas que poco a poco callen los mariachis que trabajan en esta plaza pública.

Y es que desde 2009 se otorgó una concesión o contrato de arrendamiento de tres décadas a Gustavo Ruiz Velasco, a cambio de que el particular realizara una rehabilitación de este espacio. 

Pero dicho documento no cuenta con las firmas de los responsables del Ayuntamiento de Guadalajara. 

Por eso el arrendatario de la Plaza de los Mariachis demandó al Ayuntamiento de Guadalajara el pasado 28 de agosto por retraso en la firma de dicho contrato.

Desorden en la Plaza de los Mariachis

Un reflejo de cómo han sido tratados los músicos en las últimas décadas puede verse en la Plaza de los Mariachis, pues se convirtió en un espacio anárquico en el que es complicado trabajar. 

La administración de Alfonso Petersen Farah como alcalde de Guadalajara le entregó erróneamente el manejo de esta plaza pública a un particular.

La alcaldía tapatía la regaló en un acuerdo de concesión por 30 años al empresario Gustavo Ruiz Velasco Nuño, quien amedrenta a los comerciantes y músicos que laboran en este espacio para controlar la actividad económica en su beneficio.

Los lazos de Ruiz Velasco con las esferas políticas locales –principalmente panistas- son fuertes pues ha trabajado como funcionario en los municipios metropolitanos de Tlajomulco y Zapopan.

La rehabilitación del espacio en el que supuestamente se invirtieron alrededor de ocho millones de pesos causó molestias entre los comerciantes locales pues el cableado eléctrico no quedó oculto cómo él lo prometió.

Además Ruiz Velasco cambió de lugar de algunas estructuras con significado histórico como una fuente y el busto de Silvestre Vargas sin consultarlo ni con ellos, ni con el ayuntamiento.

Según las versiones de algunos locatarios del lugar, el empresario instaló un par de quioscos con los cuales recibe alrededor de 25 mil pesos mensuales por su renta.

Gustavo Ruiz Velasco recibió la concesión a cambio de una inversión de 8 millones de pesos para renovar la plaza, pero según el semanario Proceso el proyecto ejecutivo no llegó a concluirse ni en un 50 por ciento.

Y es que la plaza de los mariachis como espacio fundacional, patrimonio de la ciudad y lugar simbólico para los músicos locales ha sufrido los cambios temperamentales de las administraciones de los últimos años.

A unos días de que Ruiz Velasco presentara una demanda en contra del presidente municipal de Guadalajara, Francisco Ayón López, por retraso en la firma del contrato de concesión o arrendamiento de la plaza, la situación ha perjudicado durante tres años el trabajo de decenas de músicos.  

Carlos Villa, músico y representante del Mariachi Nacional de América demuestra la molestia porque Ruiz Velasco administra la plaza como un negocio particular en el que les impide trabajar como antes lo hacían.

“Aquí en la plaza definitivamente nos fuimos para atrás porque hay un concesionario que pone variedad y no nos deja trabajar pues la gente prefiere escuchar gratis que contratar”, afirma.

Serenatas a la baja

Por Paloma Robles

La industria musical de calle no está pasando por su mejor momento. La crisis económica, la diversificación de los gustos, el Internet y quizá la falta de romanticismo, han hecho de las serenatas una actividad cada vez menos frecuente.

Lejos quedaron aquellos años en que tríos como los Hechiceros y Los Hermanos Espinoza -que imitaban el canto de Los Panchos- encabezaban el gusto de los tapatíos.

Los trovadores de los años 50 hicieron de Guadalajara una cuna de músicos preparados que pululaban las esquinas del Mercado San Juan de Dios.

Pero hoy la música romántica es casi un recuerdo.

La crisis económica ha pegado fuerte en el sector, eso lo reconocen los músicos vernáculos que cada noche esperan a sus clientes en la glorieta de Mariano Otero y López Mateos.

Los años ochenta fueron su mejor época, las serenatas se multiplicaban, todos los grupos tenían trabajo, la gente podía llevar música en vivo a sus casas y fiestas.

“Desde el elotero y el albañil hasta el arquitecto o doctor, todos podían darse el lujo de una serenata”, refiere Pablo Rodriguez Aguilar, titular de la agrupación Los Rodríguez.

Rodríguez Aguilar relata que él se inició como músico en los años setenta y desde entonces no ha abandonado la calle. Ahí Wle ha tocado vivir tanto las épocas buenas como las malas.

Hoy prácticamente se mantiene de sus clientes de toda la vida y el número de tocadas no rebasan siete a la semana, cuando esas hace 20 años solían ser diarias.

La última década los quintetos y tríos se convirtieron en la alternativa musical frente a los altos costos de un mariachi.

Pues mientras un mariachi cobra entres tres a seis mil pesos la hora, una agrupación tipo trío la cobra entre 600 y mil 500 pesos dependiendo el número de músicos.

Pero ni siendo alternativa para los amantes de la música vernácula en vivo, los tríos ya no se conservan como antes.

Según explican los músicos consultados declive vino en los últimos años. Hoy los tríos y quintetos sobreviven con una o dos tocadas diarias “si bien nos va”, refiere Rodríguez Aguilar.

¿Se acabaron los románticos?

-¿Crisis económica o falta de romanticismo?, se les pregunta a los músicos en busca de una explicación a la merma del servicio de música en vivo.

Las respuestas son variadas.

Algunos como Pablo Rodríguez refieren que el romanticismo no ha muerto al contrario “todos tiene ganas de expresar sus sentimientos, qué mejor que con música, el problema es más bien económico”.

A él se suma el guitarrista, Ernesto Rodríguez Aguirre, del grupo Los Filósofos, argumenta que la crisis económica es la causa principal del declive de la música romántica.

Por lo que ahora como agrupación buscan ampliar su repertorio y  con ello satisfacer a sus pocos clientes.

Mauricio Muñoz Reyes de Los Felinos, cree que la disminución del número de serenatas más allá de lo económico, tiene que ver con el aumento de la inseguridad.

A dicho del músico, la gente se agrupa menos, de hecho cada vez son más frecuentes las tocadas de día que de noche, “cuando las cosas nos estaban así la gente se dejaba venir”, dice.

Muñoz Reyes destaca que la inseguridad es tal que hasta los músicos han sido víctimas de ella.
En el análisis los tres coinciden en que el verdadero problema de la disminución de sus servicios está en la diversificación de la música y en las nuevas formas de acceder a los éxitos musicales.

Y es que según explican, ahora con el Internet cualquiera puede acceder a archivos de todo tipo de música y además de forma gratuita, por lo que el mercado se ha empobrecido.

“Se ha perdido el espíritu de escuchar la música en vivo”, reclama Pablo Rodríguez Aguilar
Eso a la larga tiene otras implicaciones para el músico de calle, pues los clientes ya no exigen calidad sino precio.

Y en eso también contribuyen los propios músicos que no ven que al bajar la calidad de su servicio pierden clientes.

“Pero yo siempre lo he dicho, mi trabajo es tan profesional como yo lo quiero y yo sé que puedo estar en el Degollado con María Victoria como en una casa particular en una vecindad de Rancho Nuevo”, señala Rodríguez Aguilar.

Las noches se hacen largas en el costado de la glorieta de la avenida Mariano Otero y López Mateos. Para mitigar el tedio, los músicos llevan cartas y dominó.

Combinan el juego con algunos traguitos de ron y tequila, “son para mantenernos a tono”, bromean.

El compañerismo se rompe en cuanto un vehículo se acerca al lugar, inmediatamente empieza la rebatinga, ganan los que ofrecen pruebas de canciones, los barateros.

Y así de nuevo limitan el mercado de la música vernácula.

Encuentro Internacional del Mariachi

En entrevista con Fernando Beckmann González presidente de la CANACO en Guadalajara destaca que el Encuentro Internacional del Mariachi y la Charrería surgió hace 19 años por inquietud de René Rivial quien intentó recuperar este valor cultural como jalisciense.

“Don René veía que el mariachi perdía valor cultural hacia el exterior, se volvía un elemento para las fiestas, sin embargo no se apreciaba el valor que tienen los músicos mariacheros”.

Después de casi dos décadas el mariachi se declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad ahora el trabajo para la Secretaría de Cultura Estatal está en lograr que localmente los jaliscienses lo revaloren.

Beckmann González confirma que los mariachis VIP como el Vargas de Tecalitlán, Los Camperos de Nati Cano y el Mariachi América han sido invitados desde la primera edición del encuentro.

Y aunque algunos de los grupos que en estos años han llegado a destacar en este foro y en el plano internacional son el Nuevo Tecalitlán y el Internacional Guadalajara, los que no son VIP son poco tomados en cuenta.

“La Cámara de Comercio tiene el compromiso social de la promoción de nuestra cultura y el mariachi es una pieza fundamental”, señala el presidente de la cámara.

También confirma que se debe trabajar para que los tapatíos revaloren a estos músicos: “hay que dignificar al mariachi, que la gente no vea al mariachi como un momento de borrachera, que los vean cómo músicos”.

El líder de la CANACO dice que  la percepción sobre la calidad de los mariachis está cambiando: “el impacto que tiene el encuentro es el reconocimiento del mariachi a nivel mundial. Los jóvenes ya vemos al mariachi como músicos iguales a los de una filarmónica”.