México se ha vuelto un país un tanto contradictorio. Por un lado, nos jactamos de ser una nación solidaria, un pueblo que ayuda a los más necesitados en momentos de mayor adversidad; pero, por otro lado, todos los días cometemos pequeñas acciones que nos demuestran no que somos tan solidarios como creemos y que en la realidad, sólo pensamos en nuestro propio beneficio y no en el bien común.

Algunas de estas acciones las realizamos tan frecuentemente, que hemos llegado a normalizarlas, y en algunos casos hasta justificarlas. Aquí algunos ejemplos:

  • Racismo contra migrantes centroamericanos

En México el racismo es una cuestión estructural ejercida a diario y de la que nadie escapa; sin embargo, al ser confrontados con esta realidad los mexicanos mostramos sorpresa y argumentamos “nosotros no somos racistas”.

No obstante, miles de mexicanos sufren o han sufrido discriminación por su color de piel, orientación sexual, religión, y por más incongruente que parezca, los mexicanos han rechazado por muchos años a los migrantes centroamericanos que cruzan por nuestro país en busca del sueño americano.

Un ejemplo de ello es este anuncio que advierten a los migrantes que no son bienvenidos en la comunidad de Vicente Camalote, en el estado de Oaxaca.

“Amigo migrante: te informamos que tienes prohibido quedarte en esta población así como circular por sus calles en busca de ayuda, por lo que debes seguir tu camino, evita ser reportado. Atentamente: Pueblo en General”, dicta el anunció pintado en una barda.

  • Estacionar tu automóvil en la banqueta o ciclovía

¿Estacionas tu automóvil en la banqueta o ciclovía? ¿Te justificas engañándote que no le haces daño a nadie porque solo te estacionaste “cinco minutitos”? ¿Te has preguntado lo complicado que es para una persona en silla de ruedas moverse por las calles de una ciudad con las banquetas llenas de autos estacionados? Te compartimos un video para que nos podamos dar una idea.

No se trata de estacionarse por cinco minutos en lo que van a realizar una recarga, comprar un café o un refresco. Se trata de respeto y empatía por los demás.

  • No ceder el paso a las ambulancias

Aunque hay avances en la consciencia de los automovilistas respecto al pase de la ambulancia cuando atiende una emergencia, aún existen conductores que desconocen que deben abrirse y permitir el paso libre de la ambulancia.

Recuerda que puedes ser tú o algún familiar el que necesite llegar con urgencia al hospital.

¿Qué hacer? Como norma general debemos apartarnos a la derecha o detenernos si fuera posible, siempre respetando las normas. Recuerda que es más importante una vida que un minuto de tu tiempo.

  • Comprar artículos robados

Tan delincuente quien compra algo robado como el ladrón, así de claro. Cuando comprar un artículo robado, en la práctica, te estás convirtiendo en un cómplice de la delincuencia y fomentando la misma.

  • Tirar basura en la calle

La capital del país año tras año sufre por las inclemencias del clima, a pesar de que es por todos sabido que el ser humano es causante del cambio climático, los capitalinos parecen no aprender y arrojan sus desechos en las calles para después terminar pagando las graves consecuencias.

Según datos de Protección Civil el 50% de los encharcamientos e inundaciones son causados por la basura que los mismos habitantes del D.F. arrojan a las calles, obstruyendo así el flujo del agua de lluvia y tapando las coladeras.

  • Asientos reservados: ¿duermes, finges leer o te levantas?

Urge implementar en México campañas de sensibilización en el transporte público para que los usuarios actúen con civilidad y respeten los asientos destinados a personas con discapacidad, adultos mayores, embarazados y mujeres u hombres con niños.

  • Comprar drogas

¿Te indignan las muertes causadas por la guerra contra el narcotráfico? ¿Compras o consumes drogas? Tus manos también están manchadas de sangre.

El narcotráfico es un negocio y para que este funcione tienen que existir clientes dispuestos a comprar la mercancía sin importar de qué forma llegó a sus manos.