¿Entrar en política?

La política mexicana a la gran mayoría de la población le da “asco”, por decir lo menos. Nuestra historia precaria en democracia, la ausencia de liderazgos con ética y una relación a chantaje entre los monopolios del poder y algunos sectores más vulnerables han creado un monstruo ventajoso sólo para algunos. De la política nunca […]

La política mexicana a la gran mayoría de la población le da “asco”, por decir lo menos. Nuestra historia precaria en democracia, la ausencia de liderazgos con ética y una relación a chantaje entre los monopolios del poder y algunos sectores más vulnerables han creado un monstruo ventajoso sólo para algunos. De la política nunca se espera nada. Es más, nos criaron pensando que ni siquiera podemos hablar de ello sin violencia en las comidas familiares, por ejemplo.

Me declaro harta. Hasta la madre. Hastiada de pensar que tenemos que acostumbrarnos. En mi casa no me enseñaron esa mediocridad. La de cruzar los brazos y darse la vuelta. Quizá eso es lo que me empuja a siquiera pensar que ya nos han robado tanto que no nos pueden robar los sueños.

Dos años en política no me hacen caer en ingenuidad pero también, como parte de otra generación que demanda nuevos derechos, es mejor tener la claridad del escenario de desencanto en el que seguimos parados ¿Nos vamos a acostumbrar como lo hicieron nuestros padres y abuelos? ¿Seguiremos dejando que la realidad nos alcance una y otra vez? ¿Desperdiciaremos las oportunidades históricas de hacer los cambios relevantes para un país en franco abandono por la clase política de siempre?

No creo ser la única que se resiste. Conozco miles de mexicanos y mexicanas que todos los días desde la madrugada hasta el siguiente día salen a diario a construirse su propia esperanza. Me parece, de hecho, que es más sencillo para todos pensar que no tenemos remedio. Es el arte de rendirse el que gana y, además, permanece. ¿Quién quiere confrontarse al poder de verdad y no a tuitazos? Es difícil en un país donde asesinan a defensores de derechos humanos, periodistas y activistas.

A mí me enseñaron que aquí no se debe estar. Mi mamá, a quien tanto le costó criarme, me lo repetía con insistencia: “la política es para los que roban, los que lastiman, los que no tienen talento”. Pero, ¿cómo romper esto tan enraizado en la mente de cada habitante del país?

A veces pienso que a la clase política del poder en monopolio le conviene que el mito persista. Esta generación y las que vienen tenemos que hacer nuestra revancha. Es hora y es ahora, por esa gente que se hace de su futuro, de diferenciar porque no, no todos en política son iguales.

Y ya, ya sé que hay motivos para no creer, pero es que en algo debemos sostener estos “dolores” y curarlos. No dependerá de una sola persona, sino de la participación de todos y sus responsabilidades personales con los sueños de hacer un mejor lugar para vivir.

Lo de menos es dejar esos espacios a merced de otros y no de nosotros. Por primera vez en dos años, las y los jóvenes me demuestran que no estamos dispuestos. Por eso mismo me animé a invitar a Sergio Fajardo, el exalcalde de Medellín, Colombia al que todos identificamos como uno de los mejores políticos en el mundo, siendo él colombiano y latinoamericano, a un diálogo sobre ese “nuevo futuro”: participar en política.

Cada día que avanza la pandemia, en medio del conteo de muertes, de la crisis económica que nos tiene en la quiebra, de cientos de personas que no tienen ni para comer, tendremos esta conversación necesaria para la democracia en México. Así que el sábado 22 de agosto a las 11 de la mañana, agendamos una cita para inspirarnos un poco, dejar de ser presas del miedo para transformarnos en esperanza. Nuestra esperanza

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