Tecnológicos, pero no sociales

Hace un par de décadas, el problema de los empleadores era que no podían conseguir jóvenes que supieran usar la tecnología, o que estuvieran lo suficientemente avanzados en conocimientos técnicos de su área de especialidad.

Las universidades detectaron la situación y se adaptaron, poniendo más énfasis en la excelencia y cultivando profesionistas capaces.

Pero en el camino olvidaron habilidades importantes.

Tenerlo todo

Ana Paulina Valencia Ana Paulina Valencia Publicado el
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empleadores no puede llenar posiciones porque no encuentra candidatos con "soft skills"
"La definición de déficit de habilidades ha pasado de centrarse en habilidades técnicas e informáticas (hard skills) a centrarse en habilidades sociales o soft skills que engloben la comunicación y la creatividad"
Janette MarxVicepresidenta de Adecco Staffing US
Las habilidades de trabajar en equipo, resolver problemas, planear y organizar son las más buscadas por los empleadores
http://youtu.be/ao377vvgxPA

Hace un par de décadas, el problema de los empleadores era que no podían conseguir jóvenes que supieran usar la tecnología, o que estuvieran lo suficientemente avanzados en conocimientos técnicos de su área de especialidad.

Las universidades detectaron la situación y se adaptaron, poniendo más énfasis en la excelencia y cultivando profesionistas capaces.

Pero en el camino olvidaron habilidades importantes.

Tenerlo todo

Los egresados de los programas universitarios actuales tienen algo en común: las llamadas hard skills, o habilidades duras. Se trata de los conocimientos de su carrera y la capacidad para aplicarlos.

Saben de ciencia, de matemáticas, de tecnología, de literatura… pero el énfasis en enseñar vino a costa del esfuerzo por cultivar. 

Y así, las soft skills se quedaron atrás. Estas son las habilidades suaves, que son útiles en el día a día de la vida profesional, y que no necesariamente se relacionan o son específicas de una profesión.

Entre ellas están la capacidad de relacionarse, comunicarse, organizarse, establecer prioridades y planear.

Así que el mundo laboral está llenándose de jóvenes talentosos que saben aplicar conocimientos, pero no necesariamente saben trabajar.

Martha C. White lo describe en un artículo en la revista Time.

“Los empleadores están enfrentándose a hechos duros: los candidatos para niveles iniciales, que podrían unirse a los rangos de la fuerza de trabajo, no tienen idea de las bases de la vida en una oficina”, señala.

Las cifras la apoyan, y de acuerdo a una encuesta realizada por Workforce Solutions Group, más del 60 por ciento de los empleadores creen que los aspirantes a puestos de trabajo no saben comunicarse. 

Y un estudio de Adecco, revela que 44 por ciento de ellos señalaron el pensamiento crítico, la creatividad y la colaboración como las áreas más rezagadas en la preparación de los graduados.

Jannete Marx, vicepresidenta de Adecco, dijo a Forbes que “resulta curioso ver cómo la definición de déficit de habilidades ha pasado de centrarse en habilidades técnicas e informáticas (hard skills) a centrarse en habilidades sociales o soft skills que engloben la comunicación y la creatividad”.

Para Marx, las escuelas deberían esforzarse más por “incluir tanto habilidades técnicas como sociales en sus programas”.

Formación integral

Y sin duda parte de la responsabilidad es de las escuelas, pero no solo en el nivel universitario.

La crítica al sistema educativo contemporáneo lleva años en discusión. Por un lado, unos señalan que el sistema de exámenes con respuestas cerradas o de opción múltiple frena el desarrollo de la capacidad analítica de los estudiantes. Por otro, se argumenta que un sistema de calificaciones más complejo daría lugar a juicios subjetivos y faltas de exactitud.

Laszlo Bock, vicepresidente de Recursos Humanos de Google, aseguró a The New York Times en febrero que no toma en cuenta la puntuación de los candidatos en exámenes al momento de contratar, y que hasta el 14 por ciento de algunos equipos de su empresa se componen de empleados sin título.

Así, los números no lo son todo al momento de ser contratado. El común denominador en los procesos de reclutamiento de las empresas giran alrededor de soft skills: liderazgo, organización, humildad, proactividad y comunicación. Habilidades mucho más difíciles de enseñar que las técnicas o factuales.

Y la culpa no es solo de las escuelas. El creciente uso de la tecnología para comunicarse provoca que los jóvenes hayan crecido capaces de aprender, rápidamente, a resolver problemas con dispositivos.

Pero este talento viene a costa de una disminución en la conversación cara a cara, y del trabajo convencional. Y ahí podría estar la fuente de la pérdida de “soft skills”.

Frenados por el presupuesto

Las universidades latinoamericanas no logran escalar los rankings internacionales.

Incluso las más respetadas se encuentran, con suerte, entre las primeras 200 –pero no más allá– y sus estudiantes siguen ansiosos por continuar su experiencia educativa en otros países y universidades.

Para los académicos de la región, los números reflejan un problema mayor en la educación de América Latina, que de seguir perpetuará el círculo vicioso de la pobreza y la imposible movilidad de clases.

El problema está bien identificado, y es la falta de inversión.

“Hemos invertido tremendamente poco en las universidades, y su calidad se ha rezagado”, dijo el profesor Roberto Rigobon, de Venezuela, a Financial Times . “Es muy difícil ser un académico puro en Latinoamérica, especialmente en las universidades públicas”.

Los rankings universitarios suelen considerar la cantidad de investigación llevada a cabo en cada institución como un factor clave para determinar la posición que ocupará, y sin presupuesto para pagar a los maestros –e investigadores–, estos se ven obligados a buscar otras fuentes de ingreso.

Otro problema es la rigidez con la que se determinan los presupuestos, que impiden a los directivos decidir en qué rubros invertir, y usualmente provoca que se abandone el área académica.

Así, las instituciones y sus estudiantes tienen que encontrar fuentes de financiamiento alternativas. Mientras tanto, seguirán motivando a los estudiantes a expandir su experiencia visitando universidades en otras regiones.

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