En la Calzada Acoxpa, esquina con División del Norte, la estatua La Familia está cubierta con veladoras y arreglos florales en honor a las 26 víctimas, ausentes, que perdieron la vida hace un año en el derrumbe del Colegio Enrique Rébsamen.

“Mónica, tus alumnos y sus padres confiaron en ti, 19S”, reclama una lona encima del monumento. Se refiere a la directora ausente, Mónica García Villegas, quien tenía tres departamentos que provocaron el colapso del plantel.

“Gracias, pueblo mexicano, por su solidaridad y apoyo”, dice, en cambio, otro cartel colocado entrela calle Rancho Tamboreo y Calzada de las Brujas. La bandera nacional se ondea entre las ruinas, entre las que todavía se ve un auto negro que quedó aplastado.

Sobre las tablas de madera que resguardan los restos del Rébsamen, descansan las coronas de flores. Están hechas con rosas blancas, en honor a los 19 niños que fallecieron el 19 de septiembre. Los listones que las rodean tienen nombres en diminutivo: Jessi, Edu, Fer, Pao, Paquito, Gus, Moni, Karlita.

Miss Gema y Miss Yola son otras víctimas que recuerdan los exalumnos ataviados con el uniforme que usaban en sus clases. Valeria cuenta que perdió a Alexa, su mejor amiga, y entre lágrimas, deja una flor en la banqueta. Pero los estudiantes también recuerdan a Miss Mónica, su directora.

“Nunca nos lo esperábamos de ella. Miss Mónica siempre fue recta, siempre fue muy disciplinada. A la fecha es muy sorprendente que no pueda dar la cara por todas las injusticias que cometió”, responde la adolescente Alecxa Alquicira, que estudió nueve años en esta escuela privada, en entrevista con Reporte Índigo.

Al medio día, vecinos y familiares celebran una misa privada, donde los medios de comunicación están ausentes. Y entonces, en los alrededores del colegio reina el silencio. El mismo que se producía hace un año al levantar el puño para escuchar señales de vida.

“Silencio total, retírate, helicóptero”, es la quietud que solicitan las paredes grafiteadas que quedaron en pie. La calma se interrumpe con los topos rescatistas que llegan a la ceremonia religiosa, como hace un año llegaron a ayudar.

“Alerta sísmica, alerta sísmica, alerta sísmica”, suenan los altavoces por el macrosimulacro en punto de las 13:16:40 horas. Y entonces el silencio se vuelve ausente con el sonido que saca lágrimas, que remueve recuerdos como si fueran escombros, que provoca el abrazo de los padres a los hijos que sobrevivieron.

“Lo que yo te puedo comentar de la señora directora es que hacía las juntas cada año y era la única relación que teníamos con ella porque todo era por medio de las misses, quienes hacían propiamente la escuela eran ellas. Con la señora no teníamos trato, yo desconocía que la señora tenía su vivienda y demás en este lugar. No ha dado la cara, no fue para asumir o decir lo siento, o mandar el pésame y sigue prófuga”, comenta Alejandro Jurado, padre de Paola, niña de 7 años que estudiaba segundo de primaria, en entrevista con Reporte Índigo.

Los presentes aplauden para rememorar a quienes fallecieron. De pronto, una voz frente a los 26 ángeles de unicel que tapizan las vallas de madera grita: “Justicia, queremos justicia”. Los vecinos de Coapa repiten a coro la misma frase.

Ante la ausencia de la directora y de las víctimas, en el Rébsamen piden justicia.