Definiciones van, definiciones vienen, y siempre que pido la de la palabra “crédito” recibo un sinfín de comentarios, la mayoría acertados, aunque muy pocos llegan a la profundidad de la etimología: proviene del verbo en latín que significa creer.

Todas las definiciones son relativas a la economía y a las finanzas. Sin embargo, para mí, la mejor explicación jamás escrita se debe a Ricardo Neftalí Reyes, que no era un ilustre matemático ni tenía relación alguna con el mundo del dinero, no, no, no. ¡Era poeta! Muy famoso y ganador del Nobel de Literatura en 1971.

Poco te debe decir este nombre, pues se inmortalizó con el pseudónimo de Pablo Neruda. Sin ser experto en estas lides no puedo sostener que su mejor obra sea Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Lo que sí afirmo categóricamente es que es la más conocida y dentro de la misma tal vez el poema más popular sea el número veinte: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo:

“La noche está estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso”

Casi al final de esta joya literaria escribió:

“…es tan corto el amor, y es tan largo el olvido…”

¡Por Dios que no conozco mejor definición de “crédito” que la que nos regaló Neruda!

El amor es muy corto lo traduzco como ¿cuánto te dura el placer de lo que acabas de firmar? Yo te respondo: minutos, horas y, en muy contadas ocasiones, días. Y después: es tan largo el olvido, es decir, lo que te tardas en pagar algo, tanto que cuando terminas ya ni te acuerdas del placer que te produjo esa comprita. ¿No te parece que el poeta chileno era un genio? A mí sí.

Cada vez que tus irrefrenables ganas de gastar te lleven a endeudarte, piensa en este fragmento poético y trata de que la razón le gane a la emoción. A todos nos gusta comprar, indudablemente, pero tiene que ser con base a la capacidad real de tu bolsillo para compras de contado y también a crédito.

Las deudas no son malas si se saben manejar, pero si le das rienda suelta al instinto, es una ley de vida que pagarás las consecuencias. Está bien que te des tus gustitos, siempre y cuando no se salgan del tan mentado e invocado presupuesto.

Que el corto amor de tus compras no tenga un largo, larguísimo olvido, pues tarde que temprano pagarás las consecuencias. Te lo aseguro.

Recuerda: “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.