Uno de los primeros terrores del que es consciente el ser humano, es quizá, pensar en la muerte, ya sea en la propia o la de un ser querido. Por ello, Violeta Sarmiento, directora escénica y traductora de Pequeña bruja, ve lo indispensable que puede ser una obra de teatro que hable acerca de este tema, sobre todo, dirigida a las infancias, ya que está convencida de que explorar los propios miedos lleva a descubrir habilidades desconocidas.

“Después de vivir dos años de algo completamente inusual para toda la humanidad, tantas pérdidas, es preguntarnos ¿por qué nos da miedo a la gente de teatro tocar estos temas para el público infantil?.

“Los miedos que tenemos como personas adultas se remiten a los miedos de la infancia, y echando mano de mi carrera paralela, la psicología, me ha ayudado a enriquecer los procesos de ver estas partes no tan visibles como son ¿de dónde vienen? De adulto cuando aparecen te remontan a tus primeros años y, a veces, tardamos toda una vida para entender su origen”, explica Sarmiento.

Un mensaje contundente en Pequeña bruja

En entrevista con Reporte Índigo, la directora explica que estas reflexiones surgieron tras haber conocido la obra Amaryllis & Little Witch, del dramaturgo canadiense Pascal Brullemans, la cual retoma para llevar a escena Pequeña bruja, en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque.

La directora de la puesta en escena se acercó al texto durante el encuentro Dramaturgies en Dialogue al que fue invitada en agosto de 2018.

“Conocí el texto y me enamoré porque es muy fuerte y contundente para la infancia, al grado que pensé ‘¿a poco esto es teatro para niños?’ Hay un cliché un poco gastado de que en las obras para niños todo es color de rosa, bonito y precisamente dar con este texto me hizo replantearme, decir ‘esto es una deliciosa joyita’”, relata Sarmiento.

La obra Pequeña Bruja es un montaje que muestra el mundo mágico de una niña tímida quien, tras perder a su madre y caer en las manos de su enemigo el ogro, deberá vivir las peripecias que conformarán su identidad, siempre y cuando asuma la responsabilidad de las decisiones que tomará, entre ellas, negociar su libertad y comprender que a veces se pierde lo que se ama.

“Todo el devenir que tendrá Pequeña bruja, proviene de su capacidad de resiliencia que la acompaña para salir adelante y vencer el enemigo, despertar su astucia gracias a toda la educación y valores que puede tener de su madre, la bruja mayor, lo que la lleva a salvarse”, abunda la directora.

Durante su lectura, la también traductora, quiso incorporar los lenguajes que ella conoce para crear una pieza interdisciplinar: la danza, la música y el canto. La magia no sólo se limita a la historia, sino que también se encuentra sobre el escenario donde se logra crear un universo sensorial e incluyente.

La música Mariana Chávez-Lara participa durante el transcurso de toda la puesta en escena con flauta y saxofón en vivo, creando ambientaciones sonoras que acentúan acciones específicas, personajes y sentimientos, a manera de que todo momento sea perceptible para personas con discapacidad visual.

“La protagonista habla poco, y tuve la intuición de que este personaje se tenía que comunicar en lenguaje de señas, por eso tuvimos este acompañamiento y asesoría con intérpretes de Lengua de Señas Mexicana”, expresa.

Gracias a esa asesoría, la coreógrafa Sak Nikté Romero incorporó la lengua de señas más la danza odissi, la cual proviene de India y se caracteriza por la significación creativa del gesto y el lenguaje corporal.

Por medio de todas estas herramientas, la puesta en escena se convierte en un espectáculo multisensorial incluyente.

“Queremos llegarle a nuestro público por medio de la vista y si no tienes posibilidad de ver, por el oído; queremos cubrir todos los aspectos para que sea una obra accesible y para distintos públicos”, explica.

Las brujas se apoderan del escenario

Desde su origen, se trata de un texto de género fantástico, en el cual habitan brujas, ogros y hadas.

Sin embargo, para su lectura en México, Violeta también le agrega más capas, pues al ser una niña bruja se recalca el empoderamiento femenino, algo que, a decir de la directora es crucial enseñarles a las niñas.

“En estos momentos estamos caminando por un empoderamiento y un lugar nuevo de las mujeres a nivel sociedad, asumir que podemos ser las dueñas de nuestro propio camino, las creadoras y que podemos encabezar proyectos, es parte de la estafeta que queremos dejar en las nuevas generaciones de las niñas.

“Estamos en la búsqueda de romper los paradigmas de que los hombres son los que llevan el mundo y llevan los proyectos, aquí queremos compartir eso, somos un equipo 95 por ciento femenino, eso es parte de decir que las chicas podemos levantar algo tan bello y tan pertinente en estos tiempos”, precisa.

Sarmiento también adelanta que la pieza habla de dilemas éticos muy profundos, los cuales espera que se puedan platicar en familia.

Además, aclara que sin hacer spoilers, Pequeña bruja llevará a la niña a tomar decisiones trascendentales, las cuales, quizá provoquen que no estén de acuerdo, pero esto es parte de su naturaleza.

“Hemos visto abusos, desapariciones de mujeres, desde nuestra trinchera nos posicionamos para detener esta situación de abuso. Pequeña bruja detiene al ogro, y es parte de este mensaje de que cualquier pequeña bruja, o niña, puede detener al enemigo, no hay monstruo que nos sea susceptible de ser acabado, es parte de nuestro mensaje, nuestra semilla a las nuevas generaciones”
Violeta SarmientoDirectora

Un viaje de emociones

Para la directora Violeta Sarmiento Pequeña bruja es un trayecto para repensarse a través de las emociones.

“Ha sido un texto que nos ha cambiado, tocado profundamente, te puedo decir que desde que empecé a traducirlo me tocaba, se clavaba como flechas, me hacía reír, llorar, me hacía sentir miedo, ansiedad, libertad. No nos salvaremos de echar una lagrimita y a la vez una carcajada”, explica.

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